jueves, 3 de septiembre de 2009

EL PESO DE LA LIBERTAD, Moisés Leonardo Rodríguez


Cabañas, Habana, 3 de septiembre de 2009 (SDP) Los cubanos pagan tributos destinados al funcionamiento de las estructuras impuestas por el poder para el logro de sus fines, en particular, el de mantenerse con el mínimo posible de obstáculos.

Entre ellos cuenta el que cada hombre debe cumplir con el servicio militar activo por dos años y permanecer hasta los 60 años en la reserva militar. La evasión de ambos es penada por la ley.

Cada ciudadano debe abonar un día de haber anual para las denominadas Milicias de Tropas Territoriales. También la cuota mensual de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y las féminas, además, la de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).

Para cursar estudios, obtener trabajo y ejercer otros derechos ciudadanos, se deben acompañar las solicitudes de cartas de recomendación de estos organismos. Estas son negadas a los que no pagan.

Otras formas de tributar lo constituyen las guardias obreras en los centros de trabajo, a razón de una por mes de 12 horas como promedio, las de los CDR en los barrios así como participar en las movilizaciones convocadas por la reserva o la milicia.

Hombres y mujeres que disienten del orden impuesto, incluso exiliados, procuran que los suyos no dejen de pagar estos tributos. Bien saben que en caso de no hacerlo, serán marginados y hasta castigados de otras formas.

Además de para poder estudiar o trabajar, también viajar (a visitar familiares en el exterior, por cartas de invitación a terceros países o como cooperante internacionalista) es solo posible a los que cumplen el pago de los tributos.

Ante esta realidad, que no se juzga sino que se describe como parte de la cotidianidad, cabe hacerse la pregunta de si los contribuyentes obligados por y para la opresión, no verán como bueno el pago del tributo decidido individualmente, sin imposiciones y a favor de la libertad.

Cuando Martí y otros simpatizantes de la independencia hacían los preparativos para la Guerra Necesaria, se propuso recoger cada mes un peso entre los pobres tabaqueros y otros miembros de la diáspora. Fue conocido como El Peso de la Patria.

Si cada uno de los cubanos en el exilio aportara un peso mensual para el apoyo a los periodistas, bibliotecarios independientes y otros defensores de derechos humanos en la isla, se desmontaría del discurso oficial la mentira de catalogarlos como mercenarios. Se abriría además un espacio de participación para apoyar a los que defienden en la isla los derechos de los que en ella viven e incluso de los que han partido. Este último es el caso del derecho a viajar libremente que se defiende para los de ambos lados.

Se apoyaría así a los que, desafiando la represión y sufriendo penurias, informan al exterior lo que los medios de propaganda oficial ocultan o tergiversan y que tanto interesa a muchos de los que viven fuera de la patria.

Las políticas del embargo dejarían de causar el efecto indeseado, pero real, de impedir a los opositores y disidentes la recepción de efectivos procedentes de fondos gubernamentales estadounidenses.

Durante varios meses, la página Cubanet no pudo efectuar el pago a sus periodistas pues no pueden emplear para ello más que donaciones de fondos privados. Otras páginas con numerosos lectores tampoco cuentan con dinero para sistematizar la merecida y necesaria compensación a quienes informan. Se conoce de bibliotecarios independientes que no cesan en su empeño cultural pero no reciben apoyo alguno desde el exterior desde hace años.

Con un solo peso mensual se puede ayudar a hacer más llevadera la carga a los que han decidido cargar con el peso de la libertad para todos.

Rendir cuentas de forma sistemática y pública de los ingresos y sus destinos en una campaña de este tipo es hacer valer lo advertido por el refrán popular de “Cuentas claras conservan amistades”.

Como advirtió el Apóstol, “solo alzando juntos la red podremos dejar de vivir como rebeldes inútiles bajo ella.”
corrientematiana2004@yahoo.com