jueves, 3 de septiembre de 2009

REJAS, José Fornaris


Managua, La Habana. 3 de septiembre de 2009, (SDP) Desde la implantación del sistema comunista, las rejas han pasado a ser una realidad visible y muy cercana al tacto en el panorama nacional. Y no como ornamento sino como un anuncio enorme de que las cosas no funcionan bien dentro de la isla.

Cuando el “nuevo orden” se hizo presente, había en Cuba 13 cárceles. Hoy hay más de 200 distribuidas por toda la geografía nacional.

Pero ese síndrome de rejas, parece que no existe otra solución para los que mandan, ha llegado a los sitios más inverosímiles.

Restauraron el parque donde está situado el principal monumento al héroe independentista Antonio Maceo y de inmediato pusieron rejas y también custodios, en todo el perímetro del parque.

Trasladaron una añeja fuente para la Plaza Vieja, en La Habana Vieja, y le colocaron una alta reja alrededor.

El 28 de junio último se cumplieron 165 años del fusilamiento del poeta mulato Gabriel de la Concepción Valdés, Placido, por tomar parte en una conspiración política contra las autoridades colonialistas. El homenaje principal a la memoria del bardo fue colocar una reja alrededor de su discreto monumento que está enclavado en la Plaza El Cristo, de la antigua Habana intramuros.

Cuando algún funcionario ha dado alguna explicación sobre ese afán de enrrejamiento, ha dicho que es para brindar protección contra las acciones vandálicas. Pero esos sitios u objetos de recordación histórica o de valor cultural, están creados hace más de cinco decenios, y en algunos casos, más de un siglo, y no hicieron falta las rejas para protegerlos de los vándalos.

José Julián Martí, el Apóstol de la Independencia, nació el 28 de enero de 1853. Murió en su primer encuentro armado con tropas españolas 42 años después. En el centenario de su natalicio fue erigido en el Cementerio Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, un mausoleo en el que fueron depositados sus restos. En enero de 2003, como resultaba imposible poner rejas y tampoco existía una justificación plausible, alrededor del mausoleo, colocaron el equivalente movible: guardias armados. La justificación fue que de esa forma se le rendía permanente guardia de honor al gran prócer nacional.

Pero es que a Martí no le gustaban los militares. Llegó a decir que un pueblo no se funda como se manda un campamento, y que el poder en las repúblicas debe estar en manos de los hombres civiles, porque los sables cortan.

Las rejas no han resuelto, y eso es lo más lamentable. Si hubieran resuelto algo, hubiera sido posible verlas con la belleza dada por buenos orfebres. Y lo que es posible observar a diario es la fealdad de la decadencia social.
fornarisjo@yahoo.com