jueves, 3 de septiembre de 2009

MENOCAL Y LA CHAMBELONA, Frank Cosme


Santos Suárez, La Habana, septiembre 3 de 2009 (SDP) Se cuenta que el Káiser Guillermo II estaba apoyado con ambas manos sobre un gran mapamundi extendido sobre una mesa, cuando su canciller entró para darle el parte diario de la situación de Alemania en la guerra que por aquellos días ya se había convertido en mundial.
– Su Excelencia, un nuevo país nos ha declarado la guerra.
-¿Y qué país es ese?- indagó el Káiser.
-La República de Cuba.
-¿Cuba? ¿Y dónde está ese país?
-Ahí, Excelencia, donde tiene usted el dedo pulgar de su mano izquierda.

El Káiser levantó su pulgar y al ver el país que le había declarado la guerra, cayó de espaldas sobre una silla muerto de risa.

Cuarenta y cinco años más tarde, en octubre de 1962, ese mismo país que tanta risa produjo en el Káiser, tenía a todos los habitantes del planeta a punto de llorar. Ahora que tanto gustan de las estadísticas, todavía a nadie se le ha ocurrido hacer un recuento de las toneladas de papel higiénico que se consumieron por culpa de esa crisis de los cohetes.

Pero vayamos al grano, regresemos al inicio de nuestra historia, a los años de la Primera Guerra Mundial y a uno de los más controvertidos presidentes de Cuba: Mario García Menocal.

Menocal se caracterizó por realizar todo lo que había prometido no hacer. Criticó al juego y la lotería y en su gobierno se utilizó como medio de enriquecimiento. Sancionó la ley del turismo que propiciaba los centros de diversiones a base de apuestas, que el anterior presidente, José Miguel Gómez, había vetado. Se pronunció en contra de la reelección en carta al mayor general Enrique Loynaz del Castillo, (padre de nuestra escritora y poetisa Dulce María Loynaz) y se reeligió en 1916.

Fue en esta reelección donde la compra del voto y los cambiazos electorales llegaron a su máximo límite. Los liberales (el partido contrario), liderados por Alfredo Zayas, protestaron ante la junta electoral y el tribunal supremo. Este reconoció que hubo fraude y dispuso la celebración de una nueva elección, pero pronto se dieron cuenta que el propósito de Menocal era continuar en el poder.

Los regimientos Agramonte y Maceo se sublevaron y entregaron armas a algunos civiles que se sumaron a la rebelión. El ex-presidente Gómez se puso al frente de las fuerzas y trató de llegar a La Habana, pero fue interceptado en Las Villas.

Este alzamiento fue conocido por “La Chambelona”, que era el nombre de una conga que utilizaban los liberales como himno de su partido.

Ni el pueblo cubano, ni sus supuestos líderes, que habían luchado codo con codo en la guerra de independencia y que ahora batallaban entre sí, se percataban como ciudadanos de varias naciones, principalmente Estados Unidos y España se posesionaban sutilmente del verdadero poder que rige la política en cualquier lugar del mundo: el poder económico.
Era de esperarse, no había experiencia, ni conocimientos y sí muchos deseos de publicidad, protagonismo y poder en aquellos que podrían haber conducido al país por mejores derroteros.

La mentalidad militar dominaba también en aquella naciente república que alguien alguna vez llamó “de generales y doctores”, pero que fue más de generales. Olvidaron por qué Martí en una etapa tuvo una discrepancia con Máximo Gómez y Maceo, en lo que la historia denominó “la ruptura”, cuando aclaró a estos que “un país no se puede dirigir como un campamento militar.”

Eso sí, casi todos estos generales devenidos en políticos fueron cazurros y astutos. Sabían desviar la atención del pueblo con cortinas de humo, como esta maniobra de Menocal de declarar la guerra a Alemania después de toda esta conga-alzamiento de La Chambelona, originada por su reelección.

Así que, volteando la cabeza; entre congas, choteos criollos, alzamientos a veces absurdos y broncas entre cubanos, ha transcurrido nuestra historia hasta hoy. ¿Estaremos condenados irremediablemente a bailar La Chambelona?
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