jueves, 3 de abril de 2008

POLÍTICA, Los graduados del Molino I, Guillermo Fariñas Hernández Cubanacán Press



Bien saben los entendidos en el juego Inteligencia vs Contrainteligencia. En Cuba, la derrota de los grupos guerrilleros anticastristas en la región central de la Isla en la década de los años 60 del pasado siglo XX se logró por la dinámica y secreta actividad de la unidad del Ministerio del Interior nombrada El Molino.

El Molino ubicado en el KM 10 de la carretera a Sagua La Grande antes de llegar a Cifuentes, fue un centro militar de entrenamiento. Estuvo consagrado a preparar supuestas partidas guerrilleras anticomunistas. Tras una rigurosa preparación en lucha irregular, desde ‘El Molino’ los agentes de la Seguridad del Estado eran introducidos por pelotones entre los auténticos guerrilleros.

Al frente de esta sui géneris entidad de la Contra Inteligencia, estuvo el teniente Andrés Leyva Castro. Años después, llegó a general de brigada y delegado del Minint en Villa Clara. A principios del año 1990, resultó defenestrado de su cargo tras el sonado caso Ochoa-La Guardia.

Las funciones de los adiestrados en El Molino eran en lo fundamental tres: Calcular la disposición combativa y de ánimo de los guerreros anti fidelistas, la segunda, conocer quienes dentro del campesinado funcionaban como contactos, mensajeros y proveedores de los alzados en armas. La tercera consistía en la manipulación de celos, rumores, malos entendidos, intrigas y calumnias, para que en las fuerzas beligerantes antitotalitarias no se consolidara una unidad de acción. Mantener la atomización y la desconfianza entre aquellos luchadores por la democracia, fue la esencia de la victoria castrista.

Observadores de la realidad cubana actual se preguntan: ¿Por qué la temeraria oposición pacífica dentro y fuera de Cuba no se unen de una vez y por todas? Con pesar, la mayoría de los disidentes públicos reconocen, que algunos líderes anteponen sus intereses personales, a los de la patria por democratizar.

La realidad en la oposición es mucho más compleja de lo que se puede ver a simple vista. Existen personalidades con fachada de opositores al régimen, que si se mira con detenimiento, siempre van contra toda iniciativa de convergencia unitaria en el seno de la Sociedad civil emergente en la Isla.

Muchos graduados en El Molino estuvieron presos varios años para luego reciclarse como exiliados en los Estados Unidos de América, fundamentalmente. También en otros países como España, México, Canadá, Venezuela, Francia y Panamá, por sólo mencionar algunos lugares. Allí ahora son divisionistas y buscan información útil.

Un ejemplo gráfico fue el de la agente ‘Tania’, Odilia Collazo Valdés. Quien atacó a mediados de 1995 el esfuerzo unitario Concilio Cubano. Después a principios de 1996 se adhirió al mismo y desde esa posición lo implosionó. A pesar de su actuación saboteadora, desde la diáspora continuó el apoyo tanto para ella, como para su grupo.

En 1999 Collazo Valdés entró de modo solidario al ayuno de Tamarindo 34. Esta fue una acción liderarada por Oscar Elías Biscet. Luego, convocó a la prensa extranjera acreditada en Cuba. Allí trató de desprestigiar la credibilidad de los ayunantes. De nuevo algunos del exilio prosiguieron otorgándole ayuda material y crédito moral.

En estos momentos el archipiélago atraviesa por una coyuntura histórica, política, económica y social, única. La oposición interna que es valiente no debe dejar pasar este momento, propicio para actuar unificadamente. Debe hacerlo aunque viejos resquemores por antiguas iniciativas de cohesión laceren esta pretensión.

Si los demócratas heridos son reales opositores y patriotas, dejarán curar estas heridas. Eso si, los espurios oponentes que trabajan para el gobierno bajo cobertura disidente, intentarán dividir. Ellos prosiguen su fraticida labor. Sólo hay que detectarlos y responder la pregunta que sigue: ¿Quiénes son los actuales graduados en El Molino?
Villa Clara, 31/03/2008
cocofari62@yahoo.es
http://prolibertadprensa.blogspot.com/



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