jueves, 17 de abril de 2008

SOCIEDAD, Ser negro en Cuba, Manuel Aguirre Lavarrere (Mackandal)






Poeta y escritor. Miembro del Movimiento de Integración Racial Juan Gualberto Gómez.

“No, no, no estaremos satisfechos ni nunca lo estaremos hasta que el derecho corra como el agua y la justicia como un torrente que no se agote”.
Martin Luther King

El tema de la marginalidad del negro es un fenómeno que, por su importancia en la Cuba actual, debiera estar entre los principales agravantes a resolver en las agendas de los únicos que pueden dar al traste con este problema.

En contadas ocasiones ha amenazado con ser resuelto y nos ha traído vanas esperanzas, pero se ha dejado a un lado.

Sociólogos reconocidos y especialistas en diversas ramas han apuntado sobre el asunto, abordándolo con plena lucidez y beneficio para todos. Ellos tampoco han sido bien recibidos, a pesar de que existen grupos que pujan cierta o falsamente por la total abolición de la discriminación en la Isla.

Son personas que no son disidentes. Son personalidades de la historia y la historiografía cubana, con un prestigio, dentro y fuera del ámbito nacional, ganado a fuerza de talento y saber.

Muchos militantes comunistas, sin que dejen de existir otros extremistas, los han juzgado de personas de extrema derecha.

Claro, los que así ven y juzgan, no tienen el mínimo interés en el asunto. Sólo se acomodan en sus cómodos butacones ministeriales para dictar órdenes y que sean cumplidas. Minan la voluntad de hacer, para todos, una patria integradora al convivir pleno de todos los cubanos.

Y es que el racismo también se lleva en la sangre. Aunque para algunos encandilados, tanto de adentro como de afuera, no haya, porque así quieren verlo, racismo en Cuba y opresión a la raza menos favorecida, ahora con más pujanza que en las dos primeras décadas revolucionarias.

Ser negro en Cuba hoy es ser un marginado. Su verdadera representatividad se encuentra al pie de los contenedores de basura o en las prisiones, por la falta de una verdadera y transparente voluntad de oportunidades y del hacer conciente de todos y para el bien de todos.

En 1912, la matanza y exterminio total de los Independientes de Color, dejó muertos en los campos orientales a más de 5 000 afrocubanos. Eran “desgraciados y vendidos”, según el decir de Manuel Sanguily, quien fuera secretario de gobierno del presidente José Miguel Gómez, y redactor del documento que dio vía libre al bárbaro acontecimiento, además de firmante entusiasta de la Enmienda Platt.

Desde 1912, los afrocubanos sólo hemos visto falsos destellos de mejoramiento en nuestras vidas. Hemos asistido a una mezcolanza de razas que nos deja por debajo, muy por debajo, de la memoria al arrojo de los que pusieron la mayor cantidad de muertos por la patria que ayudaron a forjar. Los seguirán poniendo si osaran protestar por su mejoramiento ciudadano.

Para nadie es noticia que por ser descendientes de esclavos y portadores del color prohibido, tenemos que conformarnos con lo que sobra. Y casi nunca sobra nada.

Todo ello frente a una Constitución que se ufana en decir que todos los hombres son iguales en derechos ante las leyes de la República. Sólo que, si este hombre es de raza negra, ya deja de ser un igual. Entonces, le pueden aplicar la Constitución de Napoleón y excluirlo de la leche y las manzanas.
La Habana, 14/04/2008
makandalmm@yahoo.com

1 comentario:

El Negro dijo...

Mackandall: Por favor enfócate, puntualiza, precisa. Exponer los argumentos con mayor exactitud y estrechez, porque dialécticamente mientras más amplio es un argumento, más fácil es de rebatir. Además, se incurre en una falacia de ambiguedad y dejación de principios, que debilita lo expuesto, aunque como en este caso, exista toda la razón del mundo. No escribas de lo que pasó en 1912, ni del 1868, ni de Juan Gualberto Gómez, ni de Sanguily. Escribe de los que está pasando ahora, con nombres y apellidos, señala al que pisotea y ofende, al que conculca los derechos de todos los cubanos, ya sean éstos negros, blancos o mulatos. Vierte escarnio sobre el opresor. Me acuerdo de un profesor de Derecho de la Universidad que cuando oía a alguien divagar, se levantaba y dando un manotazo sobre la mesa gritaba:­ ­"Al punto, al punto, al punto controvertido." Ese ilustre hombre rencarnó en mi. Yo grito: Mackandal, al punto controvertido. Denuncia, ataca, y que sea lo que Dios quiera. No le des a los Orishas lo que te sobre, dales lo más preciado que tengas, y tu mente y tu corazón estarán acrisolados. Te quiero mucho.