jueves, 6 de marzo de 2008

CULTURA Una historia vieja de marginados, Juan González Febles



A Mezclilla lo enterraron una mañana lluviosa en el Cementerio Viejo de Guanabacoa. Fue allá por 1971. Un año muy especial para Cuba y para sus escritores y artistas. Mezclilla era un icono de la contracultura habanera de la época. Era hippie y por esa razón, entre otras, fue confinado a un campo de concentración, la Noche de las Tres P.

Esa noche fue justificada por un selecto coro de voces intelectuales. Las posiciones duras a favor de la revolución, aullaron su lealtad desde el Caimán Barbudo e incluso desde la UNEAC, tales voces conservan aun la pastosidad, el brillo y el timbre vibrante de aquel momento. Unas siguen al servicio de la revolución de Fidel Castro, otras cambiaron de rumbo y servicio, pero ahí están. Siempre listas y al servicio de algo.

Al entierro de Mezclilla asistió un pequeño grupo de amigos. Para hippies y rockeros la pérdida fue irreparable. Entre otras cosas, su poesía irreverente y libertaria se perdió. Esa mañana el coche fúnebre, un Volga antiguo, pintado de gris se atascó y no pudo seguir hasta el sitio del enterramiento. Bajo la lluvia y entre el lodo de esa mañana, los amigos se echaron el ataúd en los hombros y llevaron a Mezclilla hasta su tumba. El panteón familiar quedaba a una distancia de unos 25 o quizás unos treinta metros, de donde se detuvo el coche.

A Mezclilla le dio por morirse en el comienzo de eso que han dado en llamar el decenio gris. El pobre sólo conoció prohibiciones. No vio las aperturas engañosas y se fue sin conocer mítines de repudio o estatuas de John Lennon. No alcanzó a ver la decadencia y la ancianidad de la horda verdeolivo. Se fue cuando aun el odio era joven y la intolerancia vital, no conoció Mariel.

Repetía que la tragedia revolucionaria duraría cincuenta años y más. Algunos dicen que murió contento. A fin de cuentas creía en la reencarnación. Estaba seguro que reencarnaría en San Francisco, en los Estados Unidos y de cara al Pacífico.

No pudo peregrinar hasta el Escambray. Al sitio donde la tradición ocultista señala la confluencia del rayo eólico violeta del Conde de Saint Germain. Allí el general Batista construyó un hospital. Dicen que fue aconsejado de la condición especial de ese emplazamiento. Los sufrientes se beneficiarían de la acción milagrosa de ese rayo.

Años después el sitio fue escogido como lugar de recuperación y descanso para oficiales del Ministerio del Interior castrista y de sus Fuerzas Armadas. Mezclilla estaba seguro que el lugar curaría el asma que al final le mató.

Mezclilla era amigo de Virgilio Piñera. Ambos tenían mucho miedo.
Fin, Lawton, 2006-08-05
jgonzafeb@yahoo.com
http://prolibertadprensa.blogspot.com/

2 comentarios:

El Negro dijo...

Mezclilla tendrá la razón, y la tiranía durará 50 años más, cuando los comunistas caigan en cuenta que el substituto de la Bestia no es el curda Raúl, sino que su carta de triunfo es Fidelito.

Sanch Panza dijo...

Es verdad, en el supuesto relevo del gobierno, el que no está manchado de sangre, está embarrado de mierda. Por lo menos, Fidelito está limpio, porque es un comemierda que va a los juegos de pelota a aplaudir.