jueves, 20 de marzo de 2008

Monarquía constitucional, Juan González Febles



La madrugada del martes 19 de febrero fue azarosa para muchos actores políticos en Cuba. Fueron despertados de madrugada por periodistas de todas partes del mundo. Los profesionales estaban ávidos de saber la reacción interna de Cuba ante el extraño anuncio hecho en la madrugada. La gran noticia fue la negativa del Comandante Fidel Castro, a ser nominado para un nuevo periodo como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

Contrasta el interés internacional por la nueva, con la pasividad con que el siempre apasionado pueblo de Cuba tomó la situación.

-¡Aquí nadie se tragó eso! –Me explica uno de mis vecinos- Tiene que haber alguna trampa. Veremos…-dice para concluir.

Haciendo unas cuantas preguntas por el barrio, un borrachín me explicó con su sabiduría de cantina la solución para el problema político cubano. Me dijo: “Que se corone y ya”. Ante mi incomprensión, el borrachín me dijo: “La solución de ‘esto’ es la Monarquía constitucional”. Me percaté que tenía razón.

Imagínenlo: Fidel I, el Rey del archipiélago cubano. Su esposa sería la reina Dalia. Sus hijos príncipes herederos y las esposas y esposos de los príncipes y princesas, príncipes o princesas consortes.

El Presidente Raúl, sería algo así como un regente, primer archiduque de la Casa Real. No tendría que dar cuentas por la leche que no ha dado ni dará. La transición monárquica sería menos traumática que aquel doloroso tránsito a la ‘Sociedad sin Clases’ o la construcción de un socialismo que nunca se construyó. También podría ser un paliativo para tanta gente clamando por democracia.

Ellos (los molestos disidentes y el pueblo) tendrían su democracia y la élite continuidad, con democracia incluida. Hay que pensar en los disidentes que se conviertan en republicanos, sólo por llevar la contraria. Pero bueno, ¡que se va a hacer!

En Cuba podríamos tener una monarquía tan chic como la española, la inglesa o la holandesa. Hasta una princesa simpática, protectora real de las mujeres, amiga de los gays, y benefactora de mascotas y otros animales domésticos. Dotada además de carisma y comprensión hacia lo diferente. La princesa Mariela daría el toque cosmopolita y el glamour necesarios para los exigentes medios de prensa internacionales.

Seríamos el “Reino de las Antillas Mayores de la Isla Grande de Cuba y la Isla Juvenil de los Pinos de Castro”. Un nombre neutro con matices histórico-geográficos que no irritarían a nadie. En vez de ‘Comandantes de la Revolución’, serían ‘Condes de la Casa Cuba’. Nadie se metería con ellos, porque caballeros, un conde es un conde. Conservarían cada uno de sus privilegios, nadie les disputaría nada.

El príncipe heredero y futuro rey podría ser el que designe el monarca en funciones entre sus hijos reconocidos, todos príncipes herederos. Como se trataría de una monarquía constitucional, el gobierno sería cosa de plebeyos, los antiguos miembros de la nomenklatura, devenidos nobles auténticos de una hipotética aristocracia verdeolivo, consagrados sus gallos, su whisky, o su ron. Sin echar a perder la economía o cualquier otra cosa.

Dejarían de ser proscritos y advenedizos arios verdeolivo. Con la nueva onda, serían más o menos aceptados. Se convertirían en algo así como el mal menor en una monarquía, más o menos democrática, los parásitos que todo el mundo acepta. Esta sería la solución perfecta, el punto final cubano.

También se contemplaría la posibilidad de comprar títulos nobiliarios. La instalación de una Casa Real para la Heráldica criolla a cargo de (quien si no) el ilustrado Historiador de La Habana, el futuro Duque Leal. Nos referimos a Eusebio Leal Spengler.

La adquisición de títulos nobiliarios, podría abrirse de inicio para los que disfrutan de PRE (Permiso de Residencia en el Exterior) e incluso para turistas de mochila que se convertirían en nobles, digamos por una módica suma. Sería una vía excelente para tender puentes y acopiar divisas convertibles. Entre gente ‘noble’, todo será diferente. Más adelante, se podría pensar en eliminar diferencias de esa índole. Nos referimos a tarjetas blancas y todo lo que aparte a la monarquía criolla, de sus contrapartidas europeas. Los nobles por compra, podrían ser tan nobles, como los de sangre. Ese sería uno de los puentes que los arios verdeolivo tenderían a sus archi- enemigos de la derecha miamense. Comprarían sus títulos nobiliarios y se reconciliarían con el pasado. Esta sería una auténtica conquista y además, una ganga.

El día de la coronación, el Compañero Fidel o su hijo mayor, (al que le tocó le tocó) marcharían al trono de la mano del Cardenal Ortega o del enviado designado por el Vaticano. Fidel I o Fidel II, darían inicio a una nueva etapa histórica. ¡Imaginen a Marta Beatriz Roque, a Vladimiro Roca o a Oswaldo Payá, en la entrega al Rey en las Cortes, del proyecto de gabinete! Bajo la mirada complaciente de los Marqueses de la Casa Furry y los Caballeros Montados de la Real y Fraterna Pateadura Amorosa. También, en un modesto segundo plano, los Galleros Reales y los Mariscales del África de las Reales Fuerzas Armadas… ¿Revolucionarias?

Quizás la monarquía sea la solución para la élite gobernante actual. La democracia republicana pediría cuentas y eliminaría privilegios. ¡Impensable!
Lawton, 07/03/2008
jgonzafeb@yahoo.com
http://prolibertadprensa.blogspot.com/

1 comentario:

Alejandrita dijo...

Te la comiste. En cuartilla y media pudiste sentar las bases de lo que habrá de ser la Ley Orgánica de la Monarquía Cubana. Me voy a tomar la libertad de señalarte que los siguientes cargos, tradicionales dentro de una organización monárquica, deben ser incluídos: 1) BOCHERO. Requisitos del Cargo, haber servido como carcelero por un mínimo de quince años en la Prisión de Boniato.
2)CASILLER. Requisitos del Cargo. General de Brigada con quince años en grado y recipiente de la Orden de Héroes de la Unión Soviética.
(No voy a hacerlo fácil; aquellos que no sepan las funciones específicas de estos cargos, los refiero al Diccionario de la Real Academia.) Por último se debe sentar las bases para crear y promover La Real Cofradía de Lambiaestacas de Birán. Incluyendo como miembro numerario al Principe Regente Raúl.