jueves, 20 de marzo de 2008

Pan con tortilla, Ramón Díaz-Marzo



Yo estoy acostumbrado al maltrato en los establecimientos estatales de poca monta. Soy asiduo consumidor de pan con picadillo de soya por el valor de un peso en moneda nacional. Del pan con tortilla no, y mucho menos del huevo hervido.Una vez escribí un texto “Pan con tortilla”, que recientemente leí por la casualidad de un amigo, miembro de la UNEAC, que tiene acceso a una pequeña sala de navegación gratis por la Internet en el Palacio del Segundo Cabo, actualmente Instituto Nacional de Publicaciones del Libro (que pasa la censura). El amigo me dijo: “entra, siéntate frente al monitor, y no abras la boca. Entramos, nos sentamos cada uno frente a un monitor. Dentro de la pequeña sala había un vigilante, que lo menos que hacía era vigilar, pues estaba navegando y gozando con los sitios Web que no están prohibido por la censura oficial y por la que el establishment del Imperio le tiene impuesto a Cuba. Como es lógico no pude entrar a CubaNet. Lo intenté por el buscador de Yahoo, pero el sistema de Yahoo estaba bloqueado. Lo único que funcionaba era el buscador Google. Sé que el Google lo manejan los norteamericanos. Escribí mi nombre, apreté la tecla enter y a los pocos segundos apareció una lista de viejos trabajos míos, de artículos de otras personas sobre mí, y todo lo que tuviera relación con Ramón Díaz-Marzo. Todos estos sitios tenían vínculos para entrar a otros sitios que tratan sobre el tema cubano, pero cada vez que apretaba la tecla de enter aparecía una página que decía esta pagina no se abre.
No obstante tuve suerte con dos artículos solitarios en medio de aquella lista y con la página Web “El fogonero emergente”. Los dos artículos se nombran “Pan con tortilla” y “¿Quiénes serán los propietarios en una Cuba futura? Y en la página Web del “Fogonero Emergente” encontré artículos sobre mi primer libro “Cartas a Leandro”.
En el primer pan con tortilla narro la magia de cómo los empleados cubanos en toda la ciudad convertían 20 huevos en 80 huevos. Creo que el texto es del año 2001.
El otro día ocurrió completamente lo contrario. Hay un establecimiento cerca de mi casa a donde concurro después del mediodía, y siempre solicito dos panes con picadillo de soya. Al llegar al lugar el joven empleado me dijo que no disponía de pan con picadillo de soya, sino de pan con tortilla. Le dije que no me apetecía un pan con tortilla preparado desde horas tempranas de la mañana, y multado. Multado significa que fríen un huevo y te ponen en el pan la mitad de esa tortilla, con lo cual, por cada huevo sacan un pan con tortilla adicional cuyo ingreso es lo que le compensa al obrero los bajos salarios que paga el gobierno. Además, el pedazo de tortilla está frío como la pata de un muerto.
-De ningún modo, señor –dijo el empleado.
-¿Cómo? –pregunté.
-Si Ud ordenara ahora un pan con tortilla se le hace al momento.
-¿Al momento?
-Como le digo.
-¿Y el huevo hervido, ese sí que está hecho desde horas de la madrugada en unas enormes cazuelas!
-¡Tampoco, señor! Si Ud. Ordenara un huevo hervido, también se le hace al momento.
-¡Creo que aún no he despertado! –me dije a mi mismo-. ¡Sucede que estoy acostumbrado al maltrato! ¡Lo que me cuentas parece una burla! De modo que me sirves dos panes con tortilla.
-¡En 5 minutos, señor!
Antes de los 5 minutos me trajeron en un plato los dos panes con tortilla. Las tortillas se desbordaban de los panes: no había multa. Le pregunté al joven empleado a cuál motivo se debían aquellas bondades, el buen trato, lo que yo conocí siendo un niño durante la tiranía de Fulgencio Batista, y que después que triunfó la Revolución cubana (1959) fue degenerando al extremo de que los panes (con lo que sea y en cualquier establecimiento de la capital) ahora los empleados lo cogían con la mano y te lo colocaban sobre el sucio mostrador.
-Hace varios días, señor, hubo una reunión de la administración con todos los empleados…
-¿Reunión? –interrumpí.
-Sí.
-¿Se podría saber por qué se efectuó esa reunión?
- La administración dijo que era una orientación del Organismo Superior, Que la mala atención al cliente en moneda nacional había llegado al colmo. Que en el país se estaban confrontando problemas debido a la indisciplina laboral y la falta de motivación de los trabajadores y que estas irregularidades no ocurrían en los establecimientos en moneda libremente convertible. Que la inmensa mayoría de la población cubana estaba sufriendo como resultado de las dos monedas, una fuerte y otra débil, un sacrificio muy grande y que el gobierno estaba estudiando el modo de resolver esa situación. Pero que por ahora los problemas y dificultades que dependieran de los cubanos y no de una potencia extranjera, tenían que resolverse.
Las palabras del joven empleado me hicieron recordar el discurso del señor Raúl Castro Ruz cuando lo invistieron, el 24 de febrero 2008, como Presidente del Consejo de Ministros y Jefe del Estado Cubano.
Ayer en la mañana un amigo pudo leer y ver en la Intranet nacional del gobierno la lista de las cosas prohibidas que el gobierno en las próximas semanas abolirá. Aún no se ha hecho público en la prensa nacional, pero pongo mi esperanza en que los cambios que Cuba necesita tienen que llegar.
He escuchado opiniones diversas, algunas negativas y otras positivas. Es cierto que la mayoría es negativa y casi nadie tiene esperanza de que este potaje se arregle. Estas opiniones llegan de dos grupos. Uno de esos grupos de opinión está y ha estado a favor del gobierno totalitario de la Isla incondicionalmente, y el otro grupo siempre ha estado en contra. Yo pienso que este tipo de personas, estén en contra o a favor del gobierno cubano, lo que les gusta es sufrir; sufrir mucho hasta que les toque reventar. De manera que podemos llegar a la conclusión de que los que no tienen esperanza en un cambio en Cuba son los peores enemigos del pueblo cubano que sólo quiere vivir en paz.
Marzo, 17/03/2008
ramon597@correodecuba.cu
http://prolibertadprensa.blogspot.com/

-o-

1 comentario:

Alejandrita dijo...

Estimado Ramón:
Ahora entiendo el porque de los siete años encerrado en tu casa escribiendo. Coño, chico edita, tantas tortillas y pan con excremento para llegar a la conclusión batucada de que el "pueblo de Cuba quiere vivir en paz." ¿No es posible que el pueblo de Cuba quiera otra cosa? Quizás el pueblo haya llegado a la misma conclusión de Zorrilla:"Ni en la santa paz de los sepulcros creo." Me parece que debes empezar a comer pan con quiriviaca para que estés má a tono con lo que tu pueblo quiere.