jueves, 20 de marzo de 2008

Acerca de Cuba pero no con los cubanos, Luís Cino



Los tanques pensantes de izquierda mundial no se dan tregua en exprimirse los sesos. Cada nueva tarea es más ardua e insólita que la anterior.

Como si no les bastara con armar el esperpento socialista del siglo XXI y probar, tanto la inviabilidad del mercado y la democracia liberal como la vigencia de los desatinos proféticos de Carlos Marx, ahora mismo discuten el futuro del proyecto político cubano después de Fidel Castro.

Interesante cuestión. El único problema es que a los principales interesados en el asunto, los cubanos sin voz ni otro voto que no sea el voto unido, nos ocurre como a Isabelita, mi novia de la escuela primaria. Isabelita era mi novia, pero nunca se enteró porque sólo yo lo sabía.

La inmensa mayoría de los cubanos no tienen el placer de leer Rebelión, La Jornada o InSurGente. De no ser por alguna que otra mención de los panelistas de la Mesa Redonda, los menos informados, que son muchos, ni siquiera saben de la existencia de dichos medios. Ellos no leen diarios extranjeros, no tienen computadoras, acceso a Internet ni dinero para pagarlo.

Por todo ello, los cubanos no se han enterado todavía del hecho de que ilustres pensadores de la izquierda mundial discuten alegre y ojalateramente sobre su futuro.

El asunto es nuestro, pero no es con nosotros. Los cubanos seguimos como la mujer de Lot y no precisamente por mirar atrás.

Ajenos a las estatuas de sal y los convidados de piedra, Belén Gopegui, Ignacio Ramonet, Heinz Dieterich, Pascual Serrano, Salim Lamrani y otros renombrados sesudos opinan sobre Cuba que dan gusto, sin que nadie haya pedido su opinión.

El discurso del Máximo Líder en el Aula Magna de la Universidad de La Habana en diciembre de 2005, disparó sus alucinaciones de cubanólogos de mano zurda. Cuando más emocionados estaban con sus teorías, entonces se fue Fidel Castro. Ahora apuestan por la sucesión exitosa y la dictadura eterna.

Es conmovedora su cándida y siempre fidelísima confianza en los dogmas teologales de lo que siguen denominando la Revolución Cubana. Lástima que sus interesantes e interesados criterios no se sustenten en informaciones reales que se aparten unos milímetros de los teoremas de Felipe Pérez Roque y Ricardo Alarcón.

De Cuba, los ciber pensadores conocen sólo unos metros más allá del Palacio de las Convenciones, la Feria del Libro y las arenas de Varadero. Desde su solidario confort, atestiguan que la sucesión funciona y que en Cuba reina la normalidad más absoluta.

El verdadero debate sobre el futuro de Cuba, el que sostienen angustiados cada día los cubanos en las colas, las atestadas paradas de ómnibus o en sus casas, no les interesa. No es exactamente lo que desean escuchar.

Prefieren esperar pacientemente por las primeras señales de la revolución dentro de la revolución. Tratan de descifrarlas en los laberintos de la prensa oficial, las Reflexiones del Compañero Fidel, los discursos de Raúl Castro, Machado Ventura o lo que diga algún intelectual rehabilitado, con premio y sin telarañas.

Para ellos es válida la Constitución Socialista de 1976, disponible sólo para turistas puntillosos en tiendas recaudadoras de divisas. Tan válido como el monocorde Parlamento cubano que decretó por los legisladores del futuro el congelamiento irreversible de la momia socialista vestida de verde olivo.

Para los pensadores zurdos que elucubran el perenne futuro de Cuba por los mares de locura del socialismo democrático, no es relevante que el Poder sea tan a título personal que el Comandante ofreció entregarlo en bandeja de plata a sus enemigos si la revista Forbes encontraba una cuenta bancaria a su nombre. Luego, lo cedió por enfermedad a su sucesor dinástico.

Los tanques pensantes del marxismo redivivo sólo atinaron a aplaudir sobrecogidos ante la casi divina abdicación. Ahora aguzan sus oídos intentando escuchar la voz tras el telón.

La música más grata a los oídos de los pensadores de izquierda que pretenden tejer nuestro mañana, no importa que desafine, es la de Pepe Tambores. Lo de relevos generacionales, constitucionalismos, parlamentos obreros y democracia socialista, no se lo cree ni Ignacio Ramonet. Y eso es mucho decir.
Arroyo Naranjo, 2008-03-16
luicino2004@yahoo.com
http://prolibertadprensa.blogspot.com/

1 comentario:

Anónimo dijo...

Luis, me honro con escribirte. Estoy 100% de acuerdo contigo en que los supuestos "cubanólogos" solamente escriben sobre aquello que desconocen. El destino del pueblo de Cuba se determinará en las calles de la Habana, Santa Clara y Santiago de Cuba con laas brigadas de respuesta rápida corriendo muy rápido, y el pueblo corriendo más rapidamente tras ellos. Vienen tiempos dificiles, pero hay que tener cojones.