jueves, 31 de enero de 2008

El comunismo bueno, José Antonio Fornaris


Repetir el axioma de que los primeros 500 años de comunismo son los más difíciles, no es del todo exacto. En Cuba, por ejemplo, desde que, en 1959, que se apoderaron del poder, los líderes comunistas disfrutan de todo el confort imaginable.

Tienen una vida muelle. Sus casas son las mejores. Están enclavadas en los mejores barrios, además de otras de descanso situadas en los lugares más bellos del país. Son sitios muy apropiados para la caza o la pesca.

No tienen carencias económicas, alimentarias o de ningún tipo. Ellos y sus familiares allegados viajan al extranjero cada vez que lo estiman conveniente.

Todos tienen autos. Por supuesto, más de uno. Algunos tienen yates. Incluso, hay quien hasta tiene un enorme avión ruso con la más avanzada tecnología. El presidente venezolano, Hugo Chávez, recientemente agradeció públicamente a Fidel Castro por haberle prestado su avión para asistir con seguridad y prontitud a la Cumbre de la OPEP que se efectuó en Arabia Saudita.

Si alguno se enferma, tiene a su disposición de manera inmediata las mejores instituciones hospitalarias, los medicamentos de punta y los mejores especialistas, incluso si hay que traerlos del extranjero en plena Navidad.

Si alguien duda acerca de las bondades del comunismo, que le pregunte a los gobernantes cubanos.

Que ellos tengan todo lo habido y por haber mientras que la población no tiene nada, incluso algo tan básico para la especie humana como es la libertad, no es criticable, porque ellos son la vanguardia del proletariado.
Ya predijeron que, dentro de unos 500 años, las sociedades que estén bajo el comunismo van a vivir muy bien.

¿Cómo puede la vanguardia del proletariado asegurar de qué forma va a ser la vida de la gente en el comunismo, si antes no lo experimenta en carne propia?

Con toda autoridad, los líderes comunistas cubanos pueden decirle a la población que, dentro de varios siglos, van a tener una existencia placentera y explicar cómo va a ser esa vida. Para que nadie les haga cuentos, ellos la están viviendo ya.

Todos tendrán casas como las que ellos tienen. Muchas son mansiones que pertenecieron a la alta burguesía, pero no es lo mismo que ahora las tengan comunistas heroicos y honestos, fieles representantes de la vanguardia del proletariado.

Si los burgueses hubieran continuado ocupando esas casas que construyeron, la clase obrera nunca podría haber tenido la esperanza de tener viviendas similares. Con el comunismo, tienen las esperanzas. Sólo basta con mirar donde viven sus dirigentes.

También tendrán autos como los de los gobernantes comunistas y sus familiares, que no contaminan el medio ambiente. Ellos no lo han dicho porque son muy modestos, pero sus autos no contaminan para nada el medio ambiente. Está implícito en sus constantes críticas a la gran cantidad de vehículos automotores de los países más desarrollados y la contaminación que producen. Nadie puede siquiera imaginar que personas tan honorables puedan estar censurando algo que ellas mismas practican. Eso, ni pensarlo.

Las marcas de sus autos son también capitalistas, pero son tan humanistas y preocupados por la vida en el planeta, que seguro convencieron a los fabricantes para que sus autos estuvieran preparados para no provocar contaminación.

La vanguardia comunista en Cuba también está pensando en como va a ser el futuro de los campesinos. Por eso, Orlando Lugo, el presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) no reside, cerca de una zona agrícola. Vive en Atabey, uno de los barrios más exclusivos de La Habana. Lugo es un hombre muy humilde. Algunas personas lo han podido ver, sentado en el portal de su casa, en chancletas, “dándose violín” en los pies. Se supone que algún día, todos los campesinos cubanos residirán también en la capital del país como su actual máximo representante.

Yo admiro a toda esta gente por su entrega y espíritu de sacrificio. Estar dispuesto a ser siempre esclavo del poder, es algo muy encomiable.

Ese sacrificio de someterse al brutal experimento de vivir a todo trapo, sólo para saber ahora como será la vida de los campesinos, los obreros y toda la población dentro de 500 años, es tan altruista que sólo la vanguardia comunista es capaz de hacerlo.

Hay un comunismo bueno. Nadie tiene la culpa de que haya que esperar tanto para verlo.

¿Cómo podría la vanguardia del proletariado asegurar que el futuro es luminoso, con el logro del bienestar material y espiritual generalizado, si ella no hubiera logrado todo eso en el presente? No hay duda. Al juzgarlos, hemos sido muy injustos.
Arroyo Naranjo, 2008-01-15
fornarisjo@yahoo.com
http://prolibertadprensa.blogspot.com/

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