jueves, 10 de julio de 2008

Ganamos la Batalla Editorial 28


Un trabajo del Sr. Armando Hart, una extemporánea Nota del Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex) castrista y un acoso y hostigamiento inusitados a la sede diplomática norteamericana en La Habana y a los propios diplomáticos, dieron confirmación a lo ya sabido. El gobierno del Sr. general Raúl Castro y familia, perdió su cacareada Batalla de Ideas.

De forma inexplicable para muchos fuera de Cuba, pero repetitiva hasta el cansancio Cuba adentro, se repite el mismo esquema conocido de las provocaciones y las estratagemas gangsteriles por parte de la gerontocracia gobernante y su policía de Seguridad del Estado. Frustrar una reunión privada de dirigentes opositores de Agenda para la Transición, les hizo repetirse otra vez. Para ello echaron mano a los americanos de la Sección de Intereses de Norteamérica (SINA) en La Habana.

En aras de internacionalizar el problema, el comunicado lo firmó el Minrex, en vez de hacerlo el Ministerio del Interior, o quizás más sincera y directamente, la policía de Seguridad del Estado. Pero los ancianos del poder, prefieren seguir con la candanga del imperialismo yanki y toda esa vieja monserga.

Todo empezó con las quejas del Sr. Armando Hart. El pobre anciano está preocupado porque el candidato a la presidencia de los Estados Unidos, el demócrata Barak Obama, amenaza con levantar las restricciones a los viajes a Cuba y al envío de remesas. Ante la perspectiva de quedar más adelante sin embargo o sin Ley Helms-Burton, se inició el pánico entre la élite geriátrica verdeolivo.

Los demonios liberados alcanzaron su máxima expresión precisamente el 4 de julio. La sede diplomática estadounidense en La Habana fue objeto de la provocación y la hostilidad de mayor envergadura hasta la fecha. Se intentó sabotear la celebración de la fiesta patria más trascendental para los americanos. Más que un episodio de menor cuantía, a este se le dio la dimensión adecuada para que en largos años, nadie intente ningún amago de distensión con el régimen de los Castro desde Washington.

A despecho de todo lo expuesto, el excelentísimo embajador de los Estados Unidos, y jefe de la Misión diplomática estadounidense en Cuba, Michael M. Parmly aprovechó la ocasión para hacer un anuncio de importancia trascendental. En su discurso, Parmly dio a conocer que: “Las empresas de tecnología de los Estados Unidos están dispuestas en este momento -¡ya!- a conectar a Cuba a la red de Internet y el gobierno estadounidense no se opondría. Lo único que hace falta es que el Gobierno de Cuba levante sus restricciones, pierda sus temores y comience a confiar en su propio pueblo”.

Si los americanos efectivamente se deciden a privar de discurso político a la envejecida élite verdeolivo, se quedan sin la hoja de parra de la “soberanía nacional”. Si se quedan sin su embargo y sin medidas restrictivas, quedarán desnudos ante el pueblo de Cuba y ante el mundo.

Pero todo aquello es peccata minuta, a lo que importa: El barraje represivo que soportó la oposición interna y algún que otro factor de la Sociedad Civil cubana, entre los días 2, 3 y 4 de julio, es heredero e hijo directa de la decisión tomada por la Unión Europea (UE) que levantó las sanciones contra el régimen cubano, impuestas en 2003. Hecha esta salvedad, nos preguntamos, por qué si la dictadura simpática del Sr. general Castro y familia, firmó los pactos de derechos con las Naciones Unidas (ONU), la oposición no pide permiso para realizar una manifestación pacífica en las calles de La Habana, sin palos, matones y policías de Seguridad al acecho.


Entre los derechos que la dictadura militar totalitaria de izquierda del Sr. general Raúl Castro y familia, se comprometió a respetar, está el de participar en la vida política del país y el de manifestarse de forma pública. Entonces: ¿Por qué no pedir permiso para realizar una manifestación pacífica en las calles de La Habana?

Cuando den una respuesta negativa o una no respuesta, será una excelente ocasión para restregarla en los rostros sonrientes del Sr. Rodríguez Zapatero y el Sr. Miguel Ángel Moratinos. Sería una ocasión de ensueño para que la Unión Europea comprenda que fue lo que se hizo exactamente el día que levantaron las sanciones al régimen de los Castro.

Sería una apuesta para ganar siempre. Si por casualidad le permiten hacer la manifestación a unas organizaciones y a otras no, sería perfecto. Sabríamos de primera mano quien es quien. Pero por lo pronto, ya perdieron la Batalla de Ideas y eso es algo. Está claro que necesitan el embargo, la hostilidad y confrontación con los Estados Unidos. No pueden vivir sin su querido enemigo. Como dice la vieja copla: Ni contigo ni sin ti.
SDP
Periodistas y periodistas Editorial 28
Acaba de clausurarse en el Palacio de las Convenciones el VIII Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba. El último congreso del periodismo oficial cubano se celebró hace 9 años. En los debates (la noticia es que hubieron debates) nadie se atrevió a preguntar el por qué de tanto retraso. No hizo falta. Todos lo sabemos.

Los debates giraron en torno a la necesidad de hacer un periodismo creíble, que se parezca a la sociedad cubana. Una tarea bien difícil bajo las actuales condiciones.

En muchas de las intervenciones quedó claro que el pueblo pasó la cuenta al periodismo oficial por no reflejar las cosas que debió reflejar. Sencillamente dejó de ser creíble. Hablaba de un país virtual, no de este.

Hace 33 años, el escritor colombiano Gabriel García Márquez pronosticaba el advenimiento de un periodismo cubano dentro del socialismo, “democrático, alegre y divertido”. Gabo suele errar cuando opina sobre la revolución de su amigo Fidel Castro.

De atenernos sólo al trabajo de los periodistas oficiales, Cuba pudiera ser hoy el país del antiperiodismo. Sólo hay que escuchar lo que se dijo en el congreso de la UPEC, no importa si en la facción dura o en la aperturista. Realmente, es poca la diferencia.

Hay pocas esperanzas de que se logre el periodismo que necesita el régimen de relevo con un socialismo perfeccionado. El miembro del Politburó y vicepresidente del Consejo de Estado, Esteban Lazo, dejó claro que los periodistas deben conciliar sus intereses con los de la dirigencia del país. Un concubinato contra natura, si de periodismo real se trata.

El periodismo independiente es otro controvertido asunto. Pero al respecto, en el congreso de la UPEC, sólo se escucharon ataques contra los que informan al margen del control estatal. Fueron atacados tanto por el aparatchik Esteban Lazo como por el crítico de cine del periódico Granma, Rolando Pérez Betancourt.

Pérez Betancourt, rodilla en tierra por la revolución, culpa al imperialismo yanqui (no es broma) por las deficiencias y limitaciones de la prensa oficial. Sólo debía recordar que los periodistas independientes, en vez de querer robarles libertad, hacen más libre al periodismo oficialista. Además de evitarles algunos ridículos, le levanta el techo de las prohibiciones.

En este número, recogemos (nosotros no hacemos distinciones ideológicas) dos de las más interesantes intervenciones de periodistas en el congreso de la UPEC: las de Rolando Pérez Betancourt y José Alejandro Rodríguez. Tuvimos que resistir la tentación de no corregir la puntuación de Pérez Betancourt. ¿No habrá suficientes correctores en la prensa oficial? El colega Rolando, además de decretar ninguna libertad para nosotros, afirma entre otras cosas, que no escribimos, sino” tecleamos al compás del dólar.

Los problemas referentes a hacer un periodismo oficial creíble y mejor” son más viejos que Gutemberg”, dijo el general-presidente Raúl Castro. Se van a resolver, aseguró. Fue lo más optimista que se escuchó en el VIII Congreso de la UPEC.

El Semanario Digital Primavera anhela el día en que todos los periodistas cubanos, sin temores ni etiquetas, podamos coincidir en un congreso.
SDP

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