El Malecón se mantiene como el más largo y más acogedor sofá de la Isla y como el balneario por excelencia de los pobres. Nadie osó ponerle precio o condición. Como el poema desfasado, acompaña siempre abierto y democrático al mar y a cada sueño. Estos niños lo saben muy bien.
Foto: Diego Ramos
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