jueves, 28 de agosto de 2008

Un festival de Moña , Luís Cino


Arroyo Naranjo, La Habana, agosto 28 de 2008, (SDP) Paralelo al Simposio Cubano de Hip Hop, el Festival de Rap Capital de La Moña se desarrollará en Alamar, al este de La Habana, del 28 al 31 de agosto. Se anuncia que entre los 30 grupos que participarán están Ogguere, Anónimo Consejo, Hermanos de Causa y aún sin confirmar, Los Aldeanos.

Ambos eventos contarán con el apoyo institucional del Consejo Nacional de Casas de Cultura, el Instituto de la Música, la Agencia Cubana de Rap y la Sociedad General de Autores y Editores.

Por no dejar de tener apoyo a la hora de teorizar sobre el rap, hasta madrinas “yumas” tendrán. Una es la antropóloga Melissa Rivere, de la Universidad de Minnesota, que cree atisbar en Cuba “un renacimiento del hip-hop”. La otra es huésped forzada del gobierno cubano, en un edificio de Alamar, desde hace más de 20 años. Nehanda Abioudon, fundadora del capítulo habanero de Agosto Negro, promotora de la cultura hip hop y prófuga del FBI desde los años en que dividía su tiempo entre la lucha armada, el robo de bancos y la pasión por la música soul de Marvin Gaye, James Brown y Curtis Mayfield.

Mala cosa para una música cimarrona como el rap que hayan tantas manos institucionales metidas en el asunto, sea para ayudar o para controlar (en la mayoría de los casos).

De hecho, la Agencia Cubana de Rap, de cuya existencia se precian las autoridades culturales de la isla, es un contrasentido. El organismo gubernamental encargado del rap ha hecho al género más daño que bien.

Creada en el año 2001, la Agencia Cubana de Rap fue un intento de institucionalización a la manera del extinto Movimiento de la Nueva Trova. La soberbia intolerante del Poder no podía ocultar su malestar ante la proliferación de raperos que gesticulaban agresivos y se quejaban del racismo, el abuso policial y la pobreza.

La Agencia, al intentar embridar las conductas de los raperos y atenuar la crudeza de sus textos, tuvo un efecto castrador y diluyente. Siete años después, poco más de una decena de grupos pertenecen a la agencia. De ellos, más de la mitad están alejados de la cultura hip hop y hacen reguetón. Los que aspiran a hacer un verdadero rap, se las arreglan como pueden fuera del paraguas estatal.

La cultura oficial se atoró con el rap. No pudieron entender que el hip hop, más que un género musical, es una filosofía de la vida, una cultura que incluye los graffiti, los DJs y las expresiones corporales de las B girls y los B boys. Los comisarios no entienden ni gustan de contraculturas.

Hoy en Cuba, la música que más se oye es algo que suena como rap, pero no lo es. Algunos intérpretes mezclan rap, reguetón, pop, reggae, timba y funky, para hacer “la música que más gusta”. A lo que resulta, inevitablemente sincopado, lo llaman con el término-comodín de “fusión”.


Así, es probable que en La Capital de La Moña (así llamaban a fines de los 80 al rap y el rhythm and blues que llegaban de Norteamérica) lo que menos se oiga sea hip hop en estado puro. Más difícil será evitar que las rimas, siquiera de refilón, hablen de racialidad y rebeldía.
luicino2004@yahoo.com

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