jueves, 26 de febrero de 2009

LA COMIDA CUBANA TRADICIONAL, Frank Correa



Jaimanitas, La Habana, febrero 26 de 2009, (SDP) Cuba se caracterizó siempre por la influencia en su cocina de tres culturas importantes: española, africana y china. Es la causa que el plato tradicional sea un símbolo que destila esa mezcla étnica: arroz blanco, potaje de frijoles, plátanos maduros fritos y fricasé de cerdo.

Aunque la lista de influencias puede volverse infinita se destacan además, el arroz con maíz, el arroz congrí (a base de arroz y frijoles negros), los moros y cristianos (a base de arroz y frijoles colorados), el lechón asado, el tamal, más conocido en las provincia orientales como ayaca, el arroz con vegetales, la paella (que es un arroz con variedades de carne previamente cocidas) y la infinita variedad de pescados en sus disímiles variantes: escabeche, al horno, fritos, en minutas...

Los mariscos tienen un lugar privilegiado en cuanto a excelencia de una mesa bien servida. La langosta de la plataforma marina, principalmente de los cayos del sur de la isla, es de un sabor apreciable y la cocina cubana agradece con ella casi un centenar de platos típicos.

Los camarones y los cangrejos también son muy apreciados. Su preparación a base de limón y especies del país compiten entre los platos favoritos de los restaurantes cubanos, junto con el ostión, la almeja y las tortugas.

Cuba cuenta además con un repertorio amplísimo de frutas, donde resaltan el mango, la guayaba, la fruta bomba, el mamey, la piña, el níspero, el anón y el mamoncillo.

Pero donde el cubano realmente es artista es en su capacidad para crear platos con pocos recursos. Actualmente el huevo es uno de los más fecundos, así como los picadillos de carne y soja, las croquetas y los peces del cuarto grupo, que son los peces que no pueden destinarse al turismo.

Aunque el café y el tabaco no son propiamente alimentos, casi nunca faltan después de una comida en Cuba.


Sin embargo el periodo especial que se instauró en Cuba con la caída del campo socialista y que fue la opción del gobierno cubano para paliar la crisis económica que se nos vino encima, adulteró de manera ostensible toda esta tradición de siglos. Los cubanos, tan creativos como siempre, echaron mano a cuanto alimento se podía conseguir y llevaron a la mesa recetas inusitadas para pasar el día, que enrarecieron grandemente los patrones culinarios con misceláneas de vegetales, viandas, hortalizas y granos, que antes era impensable mezclar, cocinados sin sazón ni aderezos. Aunque se resolvió temporalmente el problema del hambre, los valores nutricionales y el balance dietético cayeron al piso afectando notablemente el paladar colectivo.

Luego de casi veinte años de periodo especial, el cubano se alimenta mucho peor que antes. La influencia española, africana y china se mantiene viva sólo en las mesas de los restaurantes para turistas, donde se ofrecen los platos típicos a los visitantes como se muestran en cualquier museo las obras de arte primitivo.
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