jueves, 9 de octubre de 2008

LA HISTORIA NO ES A CAPRICHO, Guillermo Fariñas Hernández


Santa Clara, Villa Clara, octubre 9 de 2008 (SDP) Saber historia como pasatiempo, para aquellos que les guste, es un arma de manipulación y defensa ideológica, Por eso será que dice un viejo proverbio: “La historia la escriben los vencedores”. Pudiera ser que los miembros de los cuerpos represivos prefieran olvidase de partes de esta ciencia en etapas futuras.

Existe una fuerte campaña de desprestigio contra dos emblemáticas opositoras pacíficas. Una es Belinda Salas Tápanes, la otra es Idania Yánez Contreras. La primera es presidenta de la Federación Latino Americana de Mujeres Rurales (FLAMUR). La segunda, la presidenta de la Coalición Central Opositora (CCO).

Las habladurías denigratorias parten de oficiales de la Seguridad del Estado, pero obtienen resonancia en las bocas de supuestos opositores pacíficos al régimen totalitario, que sin dudas están tramitados por la Policía Política. A veces, auténticos disidentes también se hacen eco de esto por ejercitar sin saber la inercia verbal.

Ambas féminas con sus acciones mantienen en vilo a las fuerzas represivas del gobierno porque las agrupaciones que encabezan tratan, sin violencia, de tomar las calles. Pudieran, de un modo aparentemente fácil, ser encarceladas, pero la nomenclatura no desea pagar el alto costo político que esto le acarrearía.

Las saetas de supuesto desprestigio no van dirigidas hacia ellas precisamente, sino contra los respectivos esposos de Belinda e Idania. Tratan vanamente de mermar sus liderazgos políticos, con la explicación de que sus cónyuges fueron, en sus etapas juveniles, presos comunes por hacer uso de la violencia.

No es oculto que Lázaro Alonso Román y Alcides Rivera Rodríguez, cuando jóvenes, usaron sus puños para dirimir conflictos personales, actitudes que los llevaron a ambos a la cárcel. Alonso en Quivicán se unió a los presos políticos. Alcides no dejó que golpeasen en las Alambradas de Manacas a Héctor Palacios Ruiz.

Estos pretorianos comunistas desconocen que las revoluciones han triunfado por la mezcla de intelectuales con personas fuera de la ley.

Antes de la Revolución Francesa, Jean Paul Marat y Joseph Fouche eran delincuentes. El primero mató a uno de sus profesores médicos por desaprobarlo. El segundo robó cuando era seminarista católico.

Si buscamos en la historia de la Revolución Mexicana, podríamos ver que Emiliano Zapata y Francisco Pancho Villa eran comunes salteadores de caminos antes de pasarse a las filas de Francisco I. Madero, quien si era un intelectual y que llegó a ser posteriormente presidente de aquel país.

En la Revolución Rusa de 1917, existieron intelectuales como Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) y Lev Trotsky, pero estos necesitaron para tomar el poder de atracadores de bancos como José Stalin o violadores de chicas menores como Lavrenti Beria.

Con respecto a la llamada Revolución Cubana, ha ocurrido lo mismo. Muchos de sus gestores, ahora vivos o muertos, eran simples delincuentes comunes. Pero por conveniencias políticas, los redactores de la particular historia de la épica fidelista, prefieren ocultar estos escabrosos pasados personales.

El Comandante de la Revolución Guillermo García Frías, al integrarse a la filas del Ejercito Rebelde del Dr. Fidel Castro Ruz, se desempeñaba como matón y proxeneta de cuatro prostíbulos en la Sierra Maestra. El fallecido Comandante Crescencio Pérez era el mayor cuatrero de esa misma zona montañosa.

Antonio Enrique Lussón Batlle, General de División y Héroe de la República de Cuba, quién hoy es Jefe de la Tropas Especiales del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, al entrar a la tropa de Castro era solo un simple camionero, pero a la vez, era el mayor transportista de marihuana de la oriental serranía.

Que decir del también ya finado General de División Raúl Menéndez Tomasevich, famoso por ser especialista en lucha anti guerrillera tanto en la Sierra del Escambray como en la República Popular de Angola. El Viejo Tomás, como era conocido por sus jefes, fue antes un gran estafador de bancos.

Las mentalidades de los oponentes políticos y de los delincuentes comunes se parecen mucho, psico-sociopatológicamente en todas partes del mundo. Ambos tipos de sujetos creen que las autoridades son abusivas, por lo que las combaten. Unos utilizan métodos para obtener riquezas, mientras los otros tratan de quitarlos del poder.

Invitamos a los oficiales de Seguridad del Estado, a que aprendan algo de historia universal. Pero si el volumen de trabajo en cuanto a sus acciones represivas por ejecutar no se los permite, que indaguen con mayor profundidad en la propia historia reciente de Cuba, pues esta, no es a capricho.

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