jueves, 28 de mayo de 2009

LOS APAGONES QUE VIENEN, Luis Cino



Arroyo Naranjo, La Habana, mayo 28 de 2009 (SDP) Dicen las autoridades del gobierno y el Partido Único que en los primeros 4 meses del año se consumieron 40 000 toneladas de petróleo más de las que estaban planificadas. Para mantener ese ritmo de consumo, habría que importar 225 000 toneladas adicionales, lo que es imposible debido a la disminución de ingresos del turismo y la falta de créditos internacionales por la crisis económica mundial.

Por tanto, los mandarines advierten que hay que ahorrar electricidad rigurosamente. De lo contrario, volverán los apagones, tan planificados como el petróleo que se debió consumir y no ahorramos.

Ni siquiera las bombillas ahorradoras pudieron ayudarnos en el empeño. ¡Qué íbamos a ahorrar a con las desastrosas hornillas eléctricas chinas de la revolución energética con las que El Jefe nos puso a cocinar porque supuestamente eran más económicas que el gas licuado!

Volverán los apagones. Conozco bien a los mandarines (¡no voy a conocerlos!, los sufro desde que tenía dos años), sé que cuando dicen que algo viene, es porque ya está aquí.

Recuerdo bien los apagones de 10 horas y más de los años 90. ¿Cómo olvidar el calor, el aburrimiento, los mosquitos y las cucarachas? Aumentaron los robos y los asaltos. Rompían vidrieras y aparecían en los muros letreros contra el gobierno. Cuando quitaban la luz, la gente gritaba insultos contra el Máximo Líder. En los barrios más calientes, tiraban, preferentemente contra los policías, piedras y botellas desde las ventanas y las azoteas.

Entonces parecíamos condenados al exterminio por hambre, rabia y tristeza. Pero no todo fue malo. Recuerdo también el lado bueno de los apagones, como un ejercicio saludable para enfrentar los que se nos vienen encima.

Fueron años en que se hacía frenéticamente el amor (o algo que en ocasiones se le parecía) a toda hora, en cualquier sitio. Producto del calor, donde menos se hacía era en la cama, en la casa. Se hacía de prisa, amparado por la oscuridad, en escaleras, pasillos, balcones, azoteas, detrás de los árboles, en los parques, en el muro del Malecón, en las paradas de los ómnibus que demoraban horas o definitivamente no pasaban… Terminábamos siempre antes que llegara la luz, empapados en sudor y con mucha más hambre de la habitual en aquella época.

Había sobrado tiempo para cultivar las relaciones interpersonales en aquellas largas conversaciones al aire libre, dominadas por la desesperanza, que se prolongaban hasta la madrugada. Fue un tiempo de confesiones. Las gentes, a menudo borrachas, a falta de otros temas de qué hablar, revelaban sus secretos más ocultos como torturados por la Santa Inquisición. Confesaban traumas familiares, infidelidades, fobias, su orientación sexual y sus verdaderos sentimientos hacia el régimen.

Ahora que advierten el regreso de los cortes planificados de la electricidad, me preocupa que por tanto que han cambiado las cosas, poco bueno habrá para aprovechar de los apagones. Andar por la calle en short y sin camisa los hombres y semidesnudas las mujeres, es habitual. Meditar angustia. Ya apenas hay secretos que confesar. La gente exhibe su preferencia sexual y vocea como se siente respecto al gobierno. Las palabrotas se gritan en la calle. Se bebe alcohol a morros, en las esquinas, bajo el sol del mediodía. Y aunque se hace algo que cada vez se parece menos al amor, a plena luz, dondequiera, generalmente con condón y tarifa en cuc, ha aumentado el temor al SIDA.

Lo que es peor, luego de medio siglo, la gente tuvo esperanzas de que el régimen de sucesión hiciera cambios y mejorara, siquiera un poco, su existencia. Las expectativas populares no se cumplieron. La situación más bien empeoró. Las ilusiones, cuando se tienen y se pierden, suelen ser malas consejeras. Las próximas intifadas pueden ser peores que las de la primera mitad de los 90. Creo sentir de nuevo, pero esta vez con más fuerza, los gritos y el ruido de los cristales rotos.

Ahorremos combustible, de acuerdo, es conveniente para todos. Pero es mejor que los mandarines lo piensen dos o tres veces antes de empezar a programar los apagones.
luicino2004@yahoo.com

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