jueves, 21 de mayo de 2009

EL EXTERIOR SIEMPRE ES CULPABLE, José Antonio Fornaris.


Managua, La Habana. 21 de mayo de 2009. (SDP). El día 11 se anunció la existencia del virus de influenza A (H1N1) en Cuba. Una nota oficial del Ministerio de Salud Pública informó que el infestado era un joven mexicano que estudia medicina en Jagüey Grande, Matanzas.

“Por el riesgo epidemiológico que constituía la entrada de personas procedentes de México y ante la probabilidad de encontrar posibles enfermos o infectados, se procedió a la vigilancia estricta de los síntomas respiratorios entre dichos estudiantes, detectándose a partir del 26 de abril dos estudiantes (mexicanos) con síntomas respiratorios, los cuales fueron ingresados y aislados de inmediato”, dijo la comunicación publicada como “Nota oficial”.

Sin embargo, en otra nota, también oficial, hecha pública el 27 de abril, se aseguraba que no existía en la isla ningún caso con ese tipo de influenza. A su vez, al día siguiente, el diario oficial Granma, en un gran titular de portada, afirmaba: “Ni un solo caso de influenza porcina en Cuba”. Y agregaba en el primer párrafo de una larga información a dos columnas:

“En Cuba no se ha producido hasta el momento un solo caso de influenza (gripe) porcina, ni existen pacientes sospechosos de la enfermedad ingresados en centros asistenciales, aseguró anoche a la prensa el doctor Luís Estruch Rancaño, viceministro del área de Higiene, Epidemiología y Microbiología del Ministerio de Salud Pública (MINSAP).”

Setenta y dos horas después de de haberse anunciado la existencia del primer caso, se informó de dos nuevos infectados con el virus. También estudiantes mexicanos.

Días antes de la declaración oficial de que en Cuba no existía ningún caso de influenza porcina, había rumores que afirmaban que en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí estaban ingresadas varias personas con influenza porcina.

Además, personal de salud pública estuvo haciendo visitas a domicilio donde preguntaban si había alguna persona que estuviera padeciendo fiebre.

Cuando en 1982, La Habana reconoció la primera muerte por VIH -SIDA, decenas de miles de tropas estaban asentadas en África. En ese continente, el índice de la enfermedad alcanzaba altas cifras.

Las tropas estaban formadas, en su inmensa mayoría, por jóvenes. Las apetencias sexuales eran una necesidad fisiológica muy propia de la edad. Cuba estaba a miles de kilómetros, la posibilidad de dar riendas al instinto de apareamiento en la tierra natal era bastante lejana.

Pero la primera víctima del SIDA en la Mayor de las Antillas, no fue un soldado, ni había estado nunca en África. Fue un joven, de nombre Carlos, gay, integrante del grupo teatral Antillana de Acero, que residía en el reparto Bahía, del municipio Habana del Este. Carlos, gracias a un intercambio cultural inter países, estuvo de visita en Nueva York. Y en esa ciudad yanqui se contagió.

Durante el último medio siglo, cada vez que en Cuba se ha encendido el bombillo rojo de una situación seria o preocupante de salud pública, el culpable siempre ha sido el exterior. Por su puesto, en ese “exterior” no se incluye a los países y gobiernos amigos.
fornarisjo@yahoo.com

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