jueves, 14 de mayo de 2009

UN HOSPEDAJE CON ESCOPETA, Guillermo Fariñas Hernández.

Santa Clara, Villa Clara, 14 de mayo de 2009, (SDP) Uno de los problemas de mayor dificultad en la Cuba actual es el hospedaje en La Habana de los ciudadanos de a pie que residen en provincias. La mayoritaria masa de cubanos que no poseen divisas libremente convertibles, no pueden acceder a los altísimos precios de los hoteles planificados para turistas extranjeros.
Ya pasaron los tiempos donde los ciudadanos de este país no podían acceder a esas instalaciones hoteleras. Con el gobierno de Raúl Castro se decretó eliminar toda restricción a estos. Incluso estas prohibiciones para entrar a los hospedajes eran violatorias de la propia Constitución de la República de Cuba vigente.
De unos poquísimos hostales en muy mal estado constructivo a precios asequibles en moneda nacional que existían en la urbe de La Giraldilla, todos resultaron reparados con apresuración e indecencia. El motivo del apresuramiento fue que pasaron a cobrar a sus huéspedes en pesos cubanos convertibles.
Hoy, el impedimento que padecen los nacionales es de otro tipo, pero más lacerante aún. Es algo humillante para los hijos de esta isla, porque ellos no tienen libertad ni solvencia económicas para rentar alguna habitación hotelera de cualquier categoría.
Una solución encontrada es la de alquilar en casas de familias no autorizadas legalmente. Pero la gran dificultad son los altos costos a entregar a los anfitriones, ya que estos propietarios fuera de la ley equiparan la cantidad de pesos cubanos a su equivalente en dólares o cuc.
La solución generalizada es acudir a molestar a familiares o amigos que residan en los predios habaneros. Esto crea desagrados e incomprensiones por parte de los inquilinos en sus mismas viviendas, porque ven violada su intimidad por gente ajena al núcleo familiar gregario.
Los opositores pacíficos al régimen del Dr. Fidel Castro son mayoritariamente personas humildes y sin acceso a grandes cuantías de dinero. También se las ven bien negras para poder pernoctar en la capital, debido a que tienen que molestar a sus hermanos de luchas e ideas y romper sus intimidades.
Además de tener que enfrentarse a los represores de oficio por sus actividades contestatarias no violentas, se ven en la necesidad de pasar por el penoso trance y hacerse entes molestos. Los oficiales de la Seguridad del Estado explotan al máximo estas circunstancias y con infiltrados provocadores crean incidentes penosos.

No todos los luchadores pro democracia vecinos de La Habana se atreven a facilitar donde dormir a homólogos suyos oponentes al régimen castrista venidos del interior del país. Este acto de solidaridad socio-humana pasa por un periodo de exploración hasta hacerlo algo relativamente definitivo.

Dentro de las personas que ofrecen sus hogares como albergues a sus análogos en posturas políticas, se destacan algunos hospederos que usan esta supuesta postura de solidaridad para chantajear políticamente a sus huéspedes cuando les presionan directa o indirectamente para que secunden sus iniciativas opositoras.
Existen casos conocidos de opositores pacíficos que no aceptan las pautas impuestas por sus improvisados hoteleros y estos los han puesto sin contemplaciones de ningún tipo de patitas en la calle. Porque estos “generosos” aunque digan que no, llevan el totalitarismo dentro, aunque simulan ser democráticos.

Hospedar a un hermano contra el totalitarismo, más allá de un favor, se convierte en un deber patriótico, porque la Patria libre no se construye con gravámenes de los adversarios y mucho menos de los aliados. Coaccionar a un cofrade en la batalla política contra el fidelismo es una manera de ser hipócrita, pues es un hospedaje con escopeta.
cocofari62@yahoo.es

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