jueves, 7 de mayo de 2009

DE VISITA EN LA HABANA, Amarilis C Rey

La Habana, mayo 7 de 2009 (SDP) Por estos días la capital cubana se ha llenado de visitantes. Unos vinieron a la reunión ministerial del Buró de Coordinación del Movimientos de Países No Alineados, otros a participar en las celebraciones por el Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores.

Los medios han dado cobertura a las actividades, mostraron imágenes del encuentro ministerial, y reflejaron la “alegría” y los “logros” con que los trabajadores cubanos festejaron su fecha.

Una joven campesina de la parte más oriental de Cuba, de visita también en La Habana, cuenta el motivo de su viaje con una condición: “No digas quien soy, porque me hacen talco.”

Ella viaja con su pequeño hijo de cuatro años, quien padece otitis. Y dice: “Tuve que traerlo para acá, pues donde yo vivo no hay especialistas y el médico, cuando logré que me lo viera, le mandó un tratamiento que me lo puso peor. Un enfermero le destupía un poco el oído con un palito y un algodón sin hacerle más estudios ni nada y el niño seguía peor y peor.

Nosotros allá vivimos de la tierra. Estamos asociados a una cooperativa, es mi esposo quien trabaja, pero solo le pagan cuando la cooperativa cumple el plan. Si no cumple, no ganamos nada.

Mucha juventud se ha ido de aquella zona, por la miseria en que se vive. Yo siempre he dicho que no me voy, ni para fuera ni tampoco para acá. En La Habana se vive mejor, eso es verdad, pero luego tienes que estar enfrentando que te viren para tu provincia, que digan que eres ilegal y ni yo ni mi esposo estamos dispuestos a eso.

El piso de mi casita es de tierra, pienso que por eso es posible que el niño se me haya enfermado. Estamos tratando de mejorar la situación, pero no ganamos mucho, y cuando consigues algún material para reparar la casa, enseguida están los chismosos que le van con el cuento al gobierno, que si uno consiguió esto o lo otro.

De aquí de La Habana, ahora me llevo muchas cosas que mis amistades me regalan. Ropa usada, cualquiera que se le quede a los muchachos me sirve para el mío. Y cualquier otra para mi esposo o para mí. Allá la situación está dura. La gente trabaja en el campo en muchos casos sin zapatos y con la ropa rota. El gobierno promete mucho pero resuelve muy poco.

También me llevo jabones de baño, de lavar, detergente, por allá eso casi no se ve. Los tuve que comprar en la shoping. Gasté 10 chavitos (pesos convertibles) y creo que me he gastado una fortuna en todo eso, pero bueno, tengo que hacerlo, sobre todo por el niño, que necesita higiene y allá no hay.

Lo que si hay es mucha tristeza y muchos deseos de que todo esto cambie, porque si seguimos así, no se sabe adonde vamos a parar”.

Incontables son las historias de pobreza que llegan del interior del país. Tanto que para algunos llegar a La Habana- dicen- es como si hubieran llegado a la península de la Florida.

En este aniversario del Primero de Mayo, Salvador Valdés, secretario general de la Unión de Trabajadores de Cuba, durante su discurso de logros y consignas, no mencionó para nada al campesinado cubano. La otrora alianza obrero-campesina, que Vladimir Lenin entendía como pilar básico en el logro del socialismo y de la que tanto se habló en Cuba durante años, parece que feneció. La deuda social con el campesinado continúa sin saldarse.
amarilisrey@yahoo.com

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