jueves, 14 de mayo de 2009

POESÍA DE FRANK CORREA


RESPETO
En mi pueblo natal
aún lo recuerdo,
no tomábamos las cosas ajenas.
Había un ladrón que todos señalaban
con el dedo.
El loco con su saco.
Un cura.
Tres policías.
Dos putas.
Aquel homosexual.
Y el borracho,
con su carga en la botella de los sueños.
Ahora pienso que era un pueblo feliz.


EL BUSCADOR DE SENSACIONES FUERTES
Luego,
de cortarse las venas,
arrancarse las uñas,
romperse por dentro,
y comprobar que nada
le causaba dolor,
el buscador de sensaciones fuertes
tuvo la osadía.
la terrible osadía,
de leer las noticias del periódico.


TAMBIÉN
También existen las palmeras.
El sol.
La calle.
La esperanza.
El corazón de los pocos
que pronto serán muchos,
y el instante decisivo de la espera.


LA PUERTA NECESARIA
Me hace falta una puerta
para salir al mundo.
Aunque no tenga marcos
ni bisagras,
ni un buen umbral, ni una bombilla.
Una simple puerta,
que se abra.

LOS BOMBEROS ESTÁN DE VACACIONES
La calle Monte estaba sucia.
Los vagabundos apenas resaltaban,
se oyó una voz:
--¡Candela!
Los ciegos recogieron sus andariveles,
una mujer guardó la multa en una jaba.
De Ultra a las columnas chinas
hay más mundo que en todo Bayamo.
La negra volvió loco al noruego
y al italiano.
Se murió tiruriro,
para guardar su sello de autonomía
tuve que partirle una pata.
--¡Candela! –se oyó la voz,
hay que pararla.
En Egido
los caramelos aparecen más baratos.
Chuli y Carlitos
compiten por vender rápido las galleticas.
Los policías de los camiones se tiraban.
La jugada estaba dura,
Julián le dio otra vuelta a la tapa.
La candela me llegó a los zapatos,
dije, ¡hay que pararla!
Encontré un dólar en la calle,
me corrompí por analogía
pues no encontré a quién regalarlo.
Hay un barco hundido en la bahía,
desde la Plaza de Armas
se descubre un mástil sin bandera entre las aguas.
La candela me llegó a la cintura,
grité pero nadie escuchaba.
Sangre en una bata blanca
símbolo de holocausto.
Los aretes de palitos
mataron una chica en Bainoa
porque se acostó de lado.
Los gordos de Agua Dulce
ya no le abren las puertas a nadie.
Pregunté la dirección a un policía.
--¿Cuba y Amargura?
Me pidió el carné de identidad.
Llamó por el radio.
La candela llegó a mi pecho,
quemó una medalla.
En Monte y Carmen
Juaniquita tiró por el balcón
la ropa de Armando.
El bulto no llegó al suelo.
Sísi trae seis perritos,
¡al fin me compraré el juego de cuarto!
El cangrejo se ha ido,
la gata también está preñada.
La candela me llegó al cuello.
¡¿Qué esperan para apagarla?!
En Monte y Antón Recio
un tirador está apostado.
--Operadora, por favor, con Matanzas,
con cualquiera.
--Está ocupado.
En Nueva York la bolsa se desinfla
aunque aquí
los pasteles sigan a dos pesos en la calle.
La candela me quemó la barba,
me hizo bien, pues estaba planeando cortarla.
Santíco, el Jíbaro,
murió por una pared derribado.
La locomotora de palabras de los raperos
me arrancó escarchas.
--Con Miami, por favor.
--Está ocupado.
Los niños, al tirar piedras al agua,
quieren llegar a China...
¿Agua? ¡¿Dónde está el agua?!
La patrulla pasa despacio por el frente de mi casa.
Me atemorizo,
me encierro en el cuarto.
Pido que me pongan con España
o cualquier lugar lejano.
Estoy harto de la sicología,
de la avispada ignorancia.
Una llamarada finalmente me cegó
y con las manos quemadas,
el corazón ardiendo y el fuego, que se reía del agua,
no vi lo que en la calle Monte

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