jueves, 30 de julio de 2009

BIEN ENCADENADOS, Tania Díaz Castro


Santa Fe, La Habana, 30 de julio de 2009, (SDP) El 31 de marzo de 1959, a los pocos días de llegar a La Habana, Fidel Castro dictó un decreto para la fundación de la Imprenta Nacional de Cuba con el objetivo de controlar con sus propias manos la libertad de prensa y la creación literaria. A fines de diciembre de ese año comienza a apoderarse de todos los medios masivos de comunicación. Como primer paso, introduce coletillas al pie de los artículos periodísticos que le resultaban adversos, aparentemente redactadas por los obreros gráficos,

El 19 de enero de 1960, es intervenido el periódico Avance; el 24 de febrero, El País; el 9 de marzo, el Mundo. Días después, el 31 de marzo, las fuerzas rebeldes ocupan casi todas las emisoras de radio y los canales de la televisión; el 11 de mayo es intervenido el Diario de la Marina, el periódico más antiguo de Cuba. El 6 de junio del mismo año comienza a proyectarse en los cines del país un único noticiero a favor del gobierno, dirigido por Santiago Alvarez y una semana más tarde quedan bajo la supervisión de Fidel Castro las revistas Bohemia, Carteles, Vanidades y otras. Antes de que finalizara el año, hasta un programa televisivo de información religiosa, dirigido por José I. Lasaga, queda suspendido.

Ya en 1963, fusionadas todas las imprentas del país en la Editorial Nacional de Cuba, el gobierno revolucionario había publicado más de seis millones de libros, no con la idea de perfeccionar la tarea de producir libros para el pueblo, sino para imponerle al pueblo determinados libros.

Puede decirse, sin exagerar, que a lo largo de cincuenta años de castrismo, son miles los libros que están prohibidos en Cuba, aunque algunos de ellos se han introducido clandestinamente en el país, como por ejemplo, Rebelión en la granja, de George Orwell; Avispa, de Erick Frank Rusell; Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas; los libros de la escritora inglesa Joanne Kathen Eowling, cuyo protagonista principal es Harry Potter; Dulces guerreros cubanos, de Norberto fuentes y los libros de Heberto Padilla y Belkis Cusa Malé…

Esta lamentable realidad que vivimos los cubanos jamás ha sido denunciada en la prensa castrista. Es imposible. El 27 del pasado mes, la periodista Marta Rojas, al mencionar el tema, dijo: ¨ La incautación de los periódicos se convirtió en una locomotora imparable de instrucción y cultura para el pueblo ¨. Critica que cualquier persona se costeara libremente la edición de un libro en el pasado capitalista y, claro está, se le escapó decir que ha sido el propio Fidel Castro quien pedía a ciertos intelectuales un listado de libros para editar en sus imprentas y que, por supuesto, añado yo, debían tener su aprobación.

Así, de la noche a la mañana, fue abolida en Cuba la libertad de prensa y de creación literaria. Aquellas palabras de Fidel Castro, escuchadas por un grupo de intelectuales cubanos el 30 de junio de 1961 ¨ Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada ¨, continúan vigentes a través de sus Reflexiones, trasmitidas y retransmitidas diariamente en sus propios medios.
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