jueves, 23 de julio de 2009

UN CAMALEÓN EN EL GRUPO DE RÍO, Carlos Ríos Otero



Santos Suárez, La Habana, julio 23 de 2009 (SDP) Raúl Castro, Jefe de Estado y Gobierno, lo mismo se presenta en actos oficiales vestido de gendarme que de paisano. Recientemente desembarcó en Nicaragua con toda la lana de general de cuatro estrellas y Héroe de la República de Cuba. Luego, como signatario del Grupo de Río, se personó de civil, acicalado de guayabera blanca a condenar en edicto los sucesos de Honduras (Micheletti Vs. Zelaya). Raúl Castro ordenó que se restableciera la democracia. Exigió contra los militares que se inmiscuyeron en el orden constitucional severos castigos. Demandó a los uniformados ocuparse de los cuarteles. Requirió a Barack Obama más determinación ante los hechos.

Sin embargo, los compromisos con la democracia contraídos ante la comunidad de naciones, al firmar en el pleno de la Convención de los Derechos Civiles y Políticos, y en el Consejo de Derechos Humanos, son papel sanitario en los inventarios de las despensas del Consejo de Ministros y la Cancillería castrista.

Un ejemplo reciente. El 9 de julio, decenas de opositores proyectaban efectuar una “marcha pacífica por la democracia y la libertad” en La Rampa y el malecón habanero, convocados por el médico opositor Darsi Ferrer. Un comando de la policía invadió la casa de Ferrer, derribó la puerta y sustrajo materiales de construcción que el médico tenía para reparar su humilde hogar. Ferrer y su esposa fueron detenidos con violencia, y confinados hasta el filo de la media noche. Paralelamente, un vasto operativo de la policía política se efectuó contra la oposición habanera para que no se presentaran en la marcha pro-democracia.
Castro II, con el vicio de haberse graduado en la Academia “Frunze”, escuela superior de guerra soviética, y ser designado general de ejército y ratificado ministro de defensa durante 49 años por decisión de Fidel Castro, no ha interiorizado su status de civil.

Ha convertido el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros y la Cancillería en un bunker militar. Ambas instituciones, las ha invadido de generales y altos oficiales fundadores de los servicios secretos. Y, dice ser: “…un amante de las instituciones civiles…” ¿De cuáles?
Raúl recibe en zafarrancho de combate en la terminal aérea a dignatarios extranjeros, y durante su estancia y en las conversaciones, se emperifolla con guayaberas blancas. A quienes recibe de paisano, los despide con la franela del generalato.

La alcurnia rural, amantes de las riñas de gallo finos y dados a ingerir ron peleón, se representan con la camisa blanca de mangas largas. Y Castro II, es un fiel exponente de este espécimen raro en este mundo loco. Sus excesos alcohólicos le han corrompido el sistema hepático. La propaganda revolucionaria define tendenciosamente a quienes hacían política y se disfrazaban así en la era de la Cuba Republicana (1902-1958): politiqueros. Sólo le falta el sombrero de jipijapa y un “Habano Cohíba” en la boca.

Castro II, arremete contra la oposición pacífica con patente de corso y ritmo de samba” del Grupo de Río, envuelto en una cruzada pro democracia. Nadie ha podido descifrar su mente chinesca de camaleón verde-blanco. Algo así como un “demócrata bicolor”. Tal vez añora a los mariscales soviéticos de la Academia “Frunze” y a los guajiros galleros de la hacienda de Birán, donde nació hace 78 años.
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