jueves, 30 de julio de 2009

LA GUERRA DE LOS MEGAHERZIOS, Richard Roselló


La Habana, 6 de agosto de 2009 (SDP) Escuchar música foránea en medios oficiales cubanos era tabú a finales de 1970. Había una frontera ideológica que nos distanciaba de la música no autorizada por el Estado. Pero el espectro radiofónico cubano no estaba interferido. En nuestros viejos radios americanos o soviéticos escuchábamos con plena libertad las emisoras radiales del Caribe, América y Europa por diversas bandas.

A través de la onda media, sintonizábamos el dial en las estaciones extranjeras. Por onda corta, nos informábamos a través de la Radio Exterior de España, la Voz de las América y Radio Martí, que comenzó a transmitir en 1985.

Antes de 1985 se iniciaron las interferencias radiales. Justo en esa fecha salió al aire la Radio Martí, desde EEUU. Las emisoras desaparecían de nuestros receptores, interponiéndose otras del patio. A fines de los años 90 se dejaron de escuchar la música y el acontecer noticioso desde el exterior.

En ese entonces, el gobierno levantaba antenas altas y resistentes contra huracanes. Los repetidores se colocaron de provincia en provincia. Mientras se desataba una fiebre de antenas artesanales y profesionales clandestinas, llamadas “parabólicas”, que dejaban ver una televisión exterior, prohibida. La fiebre de las antenas llegaba de un punto cardinal a otro de la isla.

Fue cuando comenzaron a aparecer las prohibiciones oficiales. El Decreto Ley 157 del 1995, sanciona hasta con 30 000 pesos de multa por transgredir las regulaciones nacionales del servicio de telecomunicaciones de carácter limitado impuesto por el Ministerio de Informática y las Comunicaciones de Cuba a todo el que difunda señales televisivas, por cable o satélites.

Las estaciones radiales se interfirieron en FM, onda corta y onda media. En televisión, por UHF y VHF. A su vez, comenzaron los castigos de decomisos de equipos y altas multas.

Según explica Máximo Ruiz Matozes, un ingeniero electrónico y ex agente de los servicios secretos de Fidel Castro con más de 17 años en una prisión de alta seguridad en Cuba, existen dos tipos de interferencias por su designación: intencionales y no intencionales.

Expresa Ruiz que el gobierno cubano utiliza interferencias intencionales contra Radio y TV Martí, “principales focos de contrarrevolución hacia Cuba”, según la versión oficial. Por su estructura, estas interferencias son activas y ruidosas. En su espectro, presentan un nivel de caoticidad elevado. O sea, mientras más ruidosas y más aleatorias, más daño hacen, precisa Ruiz.

Las interferencias cubanas tienen sus particularidades, dice el especialista: “Estas interferencias no son producidas para neutralizar los medios electrónicos del enemigo, sino que están dirigidas contra los receptores del pueblo cubano. Su objetivo: neutralizar totalmente la recepción de Radio y TV Martí. Estas interferencias por su elevado nivel energético y, al estar sus antenas en zonas densamente pobladas del país, pueden ser dañinas a la fisiología humana y a la economía del país”.

En este punto, el gobierno cubano solapa el gasto económico de la guerra electrónica contra Estados Unidos. Incluso, algunas cifras llegan al límite de la parodia. Hace 24 años, cuando TV Martí salió al aire, el diario Granma publicó una declaración del entonces Ministro de Comunicaciones de Cuba, Manuel Castillo Rabasa. Este dijo que con 500 dólares se había neutralizado la TV Martí.

Y uno se pregunta ¿Cuantos millones de dólares se invierten en la instalación de transmisores de interferencias a todo lo largo y ancho de nuestra isla? No lo sabemos. Pero, para demostrar lo dicho basta ver el grado de neutralización electrónica contra Radio y TV Martí alcanzado en los últimos tiempos.

En pueblos y municipios de Cuba existen transmisores de interferencias con el consabido gasto gigantesco de recursos y el daño fisiológico a la población que ocasiona.Un transmisor de elevada potencia en los años 80 costaba alrededor de 10 millones de dólares, asegura Matozes.

Las afectaciones son disímiles, comenta el ingeniero, “principalmente en niños y madres en estado de gestación”. “También puede ocasionar daños en la fecundidad en el hombre, haciendo estéril sus espermatozoides, por estar expuesto a esas radiaciones electromagnéticas por mucho tiempo. Los daños pasan de ser irreversibles en la estructura fisiológica de los seres humano, en un radio de acción no mayor a los cinco kilómetros”.

En fin, se violan nuestros derechos de informarnos y ser informados. Encima de esto tenemos que soportar los daños y molestias que nos infieren esas trasmisiones parasitas. Además, nos imponen una cultura del ensordecimiento y un creciente daño a la economía.

A fin de cuentas, la señal se escuche o no, el gobierno no deja de presupuestar dicho proyecto a costa del pueblo. ¿Quién paga los platos rotos?
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