jueves, 16 de julio de 2009

EL PAGO DEL PASAJE, Oscar Mario González


Playa, La Habana, julio 16 de 2009 (SDP) En los meses más recientes, los medios de comunicación del país se han referido a la evasión en el pago del pasaje en los ómnibus. El mal parece haberse extendido por toda la nación, siendo la capital el lugar de mayor incidencia.

El noticiero de la televisión ofrece escenas y opiniones al respecto. Pero los reportajes que se muestran en la pantalla chica no suscitan interés pues todos saben que no son espontáneos sino escogidos, elaborados. Nada de natural y transparente puede haber en la información cuando la misma constituye parte esencial del quehacer político al cual se subordinan todos los órganos de prensa, donde todo está programado con exactitud aritmética.

Definitivamente la gente no deposita los cuarenta centavos en la alcancía ubicada a la entrada del vehículo y muchos evitan mirarla cuando suben la escalerilla del ómnibus como para librarse de un imaginario reproche o tal vez para ocultar un sentimiento de culpabilidad .La alcancía cuyo lenguaje está basado en el sonido de la calderilla al caer, habla poco y por momentos permanece muda. Simple y sencillamente, los pasajeros, en su mayoría, no quieren pagar.

Algunos, en lugar de echar las dos monedas de veinte centavos cada una, depositan una de veinte o una de cinco. No falta quienes dejan caer un peso. Son los que se yerguen orgullosos frente a la alcancía y miran a su alrededor para comprobar si los demás miran su gesto tan cívico como inusitado. No pocos echan cualquier cosa que suene: una arandela, un tornillo, una tapa de botella o una moneda extranjera.

Pero los que más irrita a los reporteros y demás voceros del régimen son los que suben a la guagua sin la menor intención de pagar; esos que consideran que el pago no es un deber y mucho menos una obligación. Como si ya el país estuviera en el comunismo cuando, según Marx, “la riqueza brotaría como agua de un manantial”. Acá, luego de más de medio siglo, no se sabe dónde estamos ni a dónde vamos y del suelo no brotan ni los plátanos. Es como si la madre tierra, otrora tan feraz, nos hubiera castigado por haber escogido el trillo del comunismo antinorteamericano o socialismo del Siglo XXI, habiendo tantos otros caminos.

El asunto tiene varias aristas y una de ellas es la falta de menudo que se ha convertido en un problema social de envergadura que afecta fundamentalmente el bolsillo del ciudadano. Muchos, y es totalmente cierto, no tienen las dos monedas y no pueden o no están dispuestos a regalarle los sesenta centavos de vuelto al gobierno.

La presencia de un conductor en las guaguas chinas no articuladas, que absorben la cuarta parte del volumen de pasajeros en la capital, ayudaba a paliar la situación. Pero desde días atrás muchas de estas rutas fueron habilitadas de alcancías porque los conductores “estaban robando mucho”, según comentarios callejeros.

Algunos aconsejan idear otras formas de recaudación, como pudiera ser la venta de tarjetas a los pasajeros. Otros más exaltados, pertenecientes a la estirpe de los “come candela” abogan por la mano dura en el asunto. Toman como referencia las normativas existentes al respecto en países donde se penaliza la evasión del pago con multas.
Como bien saben los más viejos, en Cuba siempre existió el conductor, cuya tarea central era el cobro del pasaje con la correspondiente entrega de un ticket acreditativo. Así fue siempre desde los tranvías de tracción animal, pasando por los de funcionamiento eléctrico hasta llegar a los actuales ómnibus automotores; así permaneció durante algunos años, aun dentro de la etapa revolucionaria.

Fue durante la década de los años 70 del siglo pasado que se suprimió el conductor con la alusión a una insuficiente fuerza laboral para acometer los ambiciosos planes de la revolución. Pero aun en aquel tiempo, cuando todavía quedaba algo de ilusión de futuro y el pasaje costaba tan sólo cinco centavos, algunos, aunque muchos menos que hoy día, no pagaban y en lugar de la calderilla dejaban caer objetos metálicos en las alcancías.

En estos momentos, con la gente tan desengañada, triste y resignada, ahora que casi todos están puestos “pal invento” y lo mismo les da Fulano que el Hermano, las alcancías lloran con el mudo lenguaje del silencio debido a la monedita que debió caer pero que no cae.
osmariogon@yahoo.com