jueves, 23 de julio de 2009

RUFO Y LA OLA, Luis Cino



Arroyo Naranjo, La Habana, julio 23 de 2009 (SDP) La Ola, del director Dennis Ganset, resultó la más comentada película de la Semana de Cine Alemán en Cuba. El filme, que se basa en una historia real y narra el experimento totalitario de un profesor universitario con sus alumnos, fue largamente aplaudido en la sala capitalina de 23 y 10. Pero lo más importante: puso a reflexionar sobre el totalitarismo.

Desafortunadamente, sólo unos pocos cientos de personas pudieron ver la película durante la muestra de cine alemán. Es harto improbable que se exhiba en otros cines y menos aún que la pasen en televisión. Sabemos cuán celosos son los comisarios culturales con la programación televisiva.

De todas formas, aunque no sean muchos los cubanos que hayan podido ver La Ola y menos aún los que han podido leer “Los Orígenes del Totalitarismo” de Hannah Arendt, sabemos bastante del tema. La ola y todas sus resacas nos envolvieron desde enero de 1959. Desde entonces nos regimos, olvidados de nuestras mezquinas individualidades, por el pensamiento y la voluntad, muchas veces inescrutable, del Máximo Líder y el Partido Único.

Lester Rodríguez, un lector de Juventud Rebelde, escribió compungido al periódico acerca de la película. Se resiste a creer que “todo proyecto colectivo está condenado a sucumbir al fanatismo y a la idolatría ciega a un líder”. Conmovedora la ingenuidad de Lester, que no sabemos donde pasó los últimos 50 años.

Lester halló consuelo a sus cuitas colectivistas y le volvió el alma al cuerpo con el comentario (también en Juventud Rebelde) del crítico Rufo Caballero. Habitualmente atinado, pese a algún que otro desliz entre la erudición y la metatranca, en esta ocasión Rufo Caballero se armó de una lupa de los tiempos de la solidaria Stassi y trocó el ropaje de intelectual pos-moderno por el de comisario, para detectar el veneno ideológico en la película y anotarse unos puntos con los jefes.

¡Nada de desmovilizarse¡ ¡Abajo el individualismo¡ ¡No a la Era Obama¡ ¡Sigamos al Líder¡ ¡Somos felices en el rebaño¡ ¡Aprieta y dale a los pedales¡ ¡Que vivan las cadenas¡

Da pena tanta sandez que escribió Rufo Caballero sobre La Ola. Quizás mejoró sus acciones con los jefes, pero en realidad, en cuestiones de arte, ellos se pintan solos para segundas y hasta terceras lecturas ideológicas.

Recuerdo que hace varios años, un funcionario del Partido Comunista en Camaguey me comentó su indignación durante la exposición de un joven pintor. En uno de los cuadros, una larga fila de hombres grises intentaba cruzar un barranco. Pocos lo lograban. La mayoría se despeñaba. En el fondo del abismo, se convertían en perros. “Claro, son los que ceden sus individualidades y se someten al sistema”, explicaba el airado funcionario, “estos artistas creen que somos comemierdas y no entendemos sus mensajes, pero nosotros captamos perfectamente lo que quieren decir, sólo que nos hacemos los bobos y los dejamos correr…hasta un día…
luicino2004@yahoo.com