jueves, 23 de julio de 2009

DE SANDALIAS Y CHANCLETAS, Jorge Luís González Suárez


Santos Suárez, La Habana, 16 de julio de 2009, (SDP) El hombre desde la más remota antigüedad, ha necesitado cubrir su cuerpo para resistir las inclemencias del tiempo. Su evolución conllevó que el vestir y el calzar adquirieran la connotación de elegancia y distinción social. El zapato entró en estas categorías.

Los modelos adoptados en la fabricación del calzado se limitan a dos formas: el abierto, con tiras o correas que se introducen entre los dedos o amarran al pie y el cerrado, el cual se ajusta al mismo. En las antiguas civilizaciones, prevaleció la sandalia, usada hasta por los soldados en las guerras. Este es el calzado descubierto, que muestra los dedos y el calcañal, según la definición recogida en los diccionarios.

China y Japón hicieron de esta horma, llamada por ellos gueta, toda una tradición,
donde el diseño o tipo de suela de madera determina el uso para el que fue concebida
sin que varíe la estructura superior. En la Edad Media predominó cubrir el pie lo más posible, pues se consideraba un impudor mostrarlo en público.

Cuba recibió esta influencia de España y mantuvo esta norma por más de 4 siglos
hasta que el contacto con otras culturas y el avance a la modernidad en el pasado siglo XX, ocasionaron cambios fundamentales en el gusto de la población femenina.

El calzado que deja el pie al descubierto recibe en nuestro país la denominación peyorativa de chancleta. Esta es una palabra despectiva, recogida en varios diccionarios de cubanismos y en el de la Academia, como derivada de chanclo o chancla, aditamento añadido al calzado para andar por la nieve o el fango.

Fernando Ortiz señala que durante la etapa colonial se usaba para menospreciar al esclavo doméstico, quien solía escachar el talón del zapato para convertirlo en “chancleta”.

Abundan las voces para identificar este tipo de calzado: pantufla, chanela, babucha, etc .
Para nosotros los cubanos, la chancleta es por antonomasia la de palo, cutara para nuestros hermanos del oriente del país. La expresión saber ponerse la chancleta es bien conocida entre nosotros.

Pese a esas connotaciones negativas, su uso en Cuba actualmente se ha hecho extensivo
a toda la población, sin distinción de raza, sexo o edad. Las mujeres no solo las usan
para andar en la casa, sino también para salir a la calle.

En cualquier peletería que visitemos, encontraremos que casi el 90% de los modelos
femeninos a la venta,- exceptuando el zapato tenis – son sandalias y chancletas, con las variaciones de calidad y precio, que es comercialmente lo que determina el nombre dado al artículo para mujeres. Esto también es válido para las boutiques y los talleres artesanales atendidos por cuentapropistas.

El material comúnmente usado es por lo general sintético o de goma, cuya duración es bastante limitada, exceptuando quienes realizan este oficio de forma manual, quienes a veces trabajan con piel.



Como contradicción al aspecto anterior, está el elevadísimo precio que alcanza esta mercancía, sobre todo en tiendas estatales. Baste señalar que las chancletas de goma, el modelo más corriente, oscila entre 3.00 y 7.00 cuc. En boutiques o tiendas de marca puede llegar a más del doble en ambos casos. Por otra parte, el escaso calzado que se oferta en moneda nacional tiene precios equivalentes al cambio en divisas. Ateniéndonos a las cifras ofrecidas por el Estado, el promedio salarial per cápita de cada ciudadano es de alrededor de 17.00 cuc mensuales, o sea unos 375 pesos, entonces ¿Qué hacer.

Al reflexionar cómo es posible para la población adquirir este artículo indispensable, conjeturo la siguientes opciones: por intermedio de las remesas familiares que reciben de Afuera; mediante el ejercicio de la actividad económica ilícita, que suele generar mejores ingresos; quienes obtienen ganancias a expensas del erario público o la extorsión a otros ciudadanos; por último, aquellos que por el ejercicio de su profesión reciben estímulos en cuc o personas que devengan elevados salarios, como los integrantes de la oficialidad de las Fuerzas Armadas, quienes cuentan, además, con mercados especiales para adquirir artículos a precios muy reducidos.

Como ven, ponerse la chancleta en Cuba ya no está al alcance de todos los bolsillos.
Lo cierto es que la moda mundial ha impuesto este tipo de calzado, pero la mujer cubana, tiene que contar primero con su bastante depauperada economía.
primaveradigital@gmail.com




Foto: Rogelio Fabio