jueves, 23 de julio de 2009

PONERSE PA LAS COSAS, Oscar Mario González




Playa, La Habana, julio de 2009 (SDP) Más de medio siglo de adoctrinamiento con la inclusión de un perenne lavado de cerebro no ha podido conseguir que el cubano “se ponga pa las cosas”. No ha logrado despertar en el espíritu de los isleños ese ardor y ese entusiasmo tan necesarios a la construcción ostentosa y bullanguera del totalitarismo.

Definitivamente, el cubano desde hace 40 años “no está en ná”, excepto en el “simulacro” y el “invento” y, aunque en toda oportunidad mande un mensaje de adhesión al gobierno, en la intimidad vive convencido de que la variante castrista de comunismo no sirve ni para sacar los perros a “hacer pipi”.

El gobierno, nada ajeno al fenómeno, siempre ha practicado una doble actitud al abordar la cuestión: una para consumo interno y otra destinada a la opinión extranjera. De una parte utiliza el reproche constante hacia la población haciendo ver que las deficiencias y los errores de los habitantes de la Isla constituyen las causas, junto al “bloqueo yanqui”, de los males que aquejan a la sociedad y que impiden el éxito inexorable de los proyectos e ideas del Comandante. Por otra parte, ensalza la heroica y abnegada actitud del pueblo para con su revolución, en una alternancia de rigor y cariño similar a la que utilizan los chulos de barrio con sus protegidas.

Pero la cuestión no es para ponerle los pelos de punta a nadie ni para quitarle el sueño a cualquiera. En realidad, pueblo y gobierno se han amoldado en un aposentamiento cóncavo y convexo; en un jueguito retozón similar al del gato y la pelotita donde ésta sube y baja, desciende y se empina, sin que nunca llegue a caer al suelo.

Como dicen, el gobierno hace como que paga y la gente como que trabaja. La semana laboral cubana realmente se compone de tres días laborables o efectivos: martes, miércoles y jueves. El cubano es uno de los habitantes del planeta que menos trabaja y que menos come.

El lunes muchos no van a trabajar o llegan tarde al centro. Con toda la razón, sin ella o con parte de la misma, la culpa se le achaca a la guagua que, aunque siempre difícil de coger, este día se vuelve insufrible. Los que acuden a trabajar, no laboran a toda carga sino que por ser el primer día, van adaptándose, como los carros marca LADA que hay que calentarlos antes de arrancar. Los trabajadores alegan que luego de un asueto de fin de semana llegan con “el cuerpo cortado”

El viernes pasa otro tanto, con la diferencia de que los concurrentes se van luego del mediodía. Si se trata de un centro de servicios, suele quedarse uno para justificar a los ausentes y que el asunto “no se haga ver tanto”. Los cubanos saben por experiencia que el viernes por la tarde es un día perdido para resolver cualquier problema. A esta realidad escapan las tiendas y los kioscos en moneda fuerte.

El gobierno, consciente del fenómeno y porque la cuestión fue abordada en las recientes reuniones promovidas por Raúl, así como denunciada por supuestos lectores del periódico Granma, ajustó el horario laboral de algunas dependencias estatales de modo que trabajaran mas allá del turno habitual. Con ello, los trabajadores tendrían oportunidad de efectuar trámites y encaminar gestiones luego de concluir su diaria faena. Se evitaría, además, el “ausentismo invisible” que consiste en ausentarse del puesto de trabajo para dedicarse a resolver asuntos personales. Como siempre sucede por acá, la medida funcionó unos meses a lo sumo para luego volver a lo mismo con el mal acrecentado.

De modo concluyente, el cubano no acaba de “ponerse pa las cosas” pese al empleo de presiones por parte del gobierno. Presiones que, ocasionalmente y cuando el mal se sobredimensiona, se tornan en contiendas destinadas a frenarlo como las famosas” rectificación de errores”, “la batalla por la exigencia” y la actual “lucha contra las indisciplinas sociales”.

La verdadera raíz del mal, asociada al modelo socio económico vigente desde hace medio siglo, es una verdad que todos conocen pero a la cual no se alude para evitar que las mil formas de represión del gobierno se “pongan pa uno” y hagan de nuestra vida un “yogurt”, que, según el léxico popular, constituye la mayor desgracia a la que un isleño puede ser sometido.
osmagon@yahoo.com