jueves, 16 de julio de 2009

ETERNOS USURPADORES, Odelin Alfonso Torna.



Arroyo Naranjo, La Habana, julio 16 de 2009, (SDP) Cuentan que el ejecutor de obras públicas Pedro Díaz dirigía una pequeña brigada de constructores en el gobierno del General Fulgencio Batista. Su último contrato de trabajo en la etapa prerrevolucionaria, el cuál terminó a finales de noviembre de 1958, fue la construcción de 18 viviendas que luego deberían ser asignadas a soldados de la policía republicana.

Las “casitas de los policías”, como hoy se le conocen, forman parte del patrimonio de Parcelación Moderna, un reparto ubicado en el municipio capitalino de Arroyo Naranjo, el cuál tuvo sus primeros asentamientos hace 72 años. Se distinguen por su diseño único: dos habitaciones, sala, portal, cocina y baño.

Dicen algunos vecinos de la zona que el alto mando de la policía del dictador Batista nunca llegó a entregar estas casas, las cuáles permanecieron cerradas hasta el triunfo de la revolución castrista. Sin embargo, en los primeros meses de 1959, la avanzada rebelde no perdió tiempo y ocupó los inmuebles por la fuerza.

“Mi papá y yo vimos cómo violentaban las puertas a patadas o con la culata del fusil… Ahí se metieron algunos rebeldes sin autorización de Fidel o Almeida y nunca más salieron”, me comentó el hijo mayor del ejecutor de obras Pedro Días.

Hago esta breve reseña local porque La Habana toda está nutrida de “eternos usurpadores”. Tras la fuga de Batista y la clase media y alta, compuesta generalmente por empresarios, hacendados, artistas, intelectuales y profesionales de alto nivel, la elite de los barbudos se apropió de viviendas en El Vedado, Miramar y Cubanacán (antiguo Country Club). Los rebeldes de orilla (sargentos y soldados), buscaron habitáculos “abandonados” en municipios mayormente habitados por la clase obrera como el Cotorro, Santiago de las Vegas, Arroyo Naranjo, San Miguel del Padrón, Santo Suárez, Lawton y Centro Habana.

¿Habrá desaparecido por completo esta manía de apropiación indebida después de que Fidel Castro y su guerrilla se posicionaran en la capital?

Todavía emigran familias desde Cuba hacia los Estados Unidos mediante atajos ilegales o a través del programa de las 20 mil visas que facilita el enemigo histórico de la revolución. Sus casas, bienes incluidos, quedan a disposición del Estado totalitario. También se confiscan viviendas y terrenos supuestamente adquiridos ilegalmente, o se ejecutan “proyectos sociales” con el consiguiente desalojo de barriadas enteras.

¿Por qué en la década de los 90 el Estado dispuso de los terrenos de la familia Pineda, ubicado en el municipio capitalino de Arroyo Naranjo, para construir lo que es hoy el paradero de las rutas PC, P6 y P8?

Con el propósito de despojar a la clase privilegiada de sus inmuebles para así crear el mítico paraíso del proletariado, sólo se consiguió colocar a otros titulares de la nueva elite en el poder. Los dueños del pasado renovador son los mismos del presente.

¿Quiénes atesorarán el futuro?

Aún viven en las “casitas de los policías” el capitán Blanco, Aladino del Toro y Martín (sargentos de la dictadura de Batista que se pasaron al bando de Fidel Castro), guerrilleros que junto a otros se acomodaron por su cuenta en la periferia capitalina. En El Vedado, Miramar y el Country Club, sólo hubo una permuta de elites.

Que quedará para los damnificados que aún permanecen en comunidades de “tránsito”. Nunca ambicionarían una casa confortable, de esas que hoy dejan los emigrantes de turno en el centro o en la periferia. Ellos nunca podrán aspirar a ser eternos usurpadores.
odelinalfonso@yahoo.com

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