jueves, 30 de julio de 2009

REFLEXIONES DE UN JUBILADO, Jorge Luis González Suárez


La Habana, julio 30 de 2009 (SDP) Soy un jubilado. Durante el año 2007 alcancé esa condición social al llegar a los 60 años de edad y 35 de labor reconocida en mi expediente, sin contar otros trabajos que realicé sin vínculo estatal.

Todo trabajador aspira alcanzar tan loable objetivo con la finalidad de obtener el premio al esfuerzo realizado por tanto tiempo de sacrificios y perseverancia dedicados al sostén familiar con el consiguiente beneficio para la humanidad

Hay dos cosas fundamentales que son el mayor logro conquistado en este bregar de la vida: descansar y recibir una remuneración decorosa. Ambas en Cuba son difíciles de conseguir.

El día que el departamento encargado por el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social me comunicó el salario que devengaría como retirado, 230 pesos, fui muy feliz. Creí entonces que con esa insuficiente cantidad de dinero se acabarían mis problemas. Estaba equivocado, no fue así.

A los dos meses de licenciado, me aumentaron el sueldo a $270. En mi puesto de trabajo cobraba 340 pesos. Mi tarea consistía en dar atención comercial a la red de librerías de la capital más algunas actividades culturales. Tenía con mi jornal que pagarme gastos de transportación y alimentación. Por tanto ¿iba a continuar trabajando por la diferencia de 70 pesos? Ni pensarlo

Pronto descubrí que nuevas penurias me perseguían, lo que percibía no me alcanzaba. Comencé a trabajar por contrato eventual para la Feria Internacional del Libro, además de otras tareas en mi antiguo centro laboral. La vida mejoró un poco con la pensión y el pago adicional pero surgieron nuevos contratiempos.

El Estado Cubano había incitado con anterioridad a las personas que alcanzaran la edad requerida a darle oportunidad a las nuevas generaciones a ocupar las plazas laborales que poseían dichos trabajadores. Ahora al promulgarse una nueva ley de seguridad social, se contradijo en parte la política precedente.

Según declaraciones oficiales se ha hecho necesario que todas las personas extiendan su trabajo 5 años más, hasta 60 las mujeres y 65 los hombres, porque el nivel de subsidios es muy alto y se hace necesario explotar más la fuerza laboral activa.

Debido a estas medidas, como yo me retiré con la anterior legislación y aun no he cumplido los 65 años, me eliminaron el contrato en la Empresa, a pesar de la necesidad que existe de mis conocimientos pues en la actualidad casi no queda personal con experiencia técnica. .

En Cuba casi todas las personas jubiladas tienen que dedicarse a realizar alguna labor que le ayude a elevar un poco sus ingresos. Baste citar la enorme cantidad de ancianos que se dedican desde horas muy tempranas a hacer cola para adquirir algunos periódicos que después revenden y así obtener una ganancia extra.

Yo he optado, al no poseer familia, por incluir en mi domicilio a otros convivientes, orientales por supuesto, que me ayuden para afrontar algunos gastos del hogar y la alimentación. Todo esto en detrimento de mi privacidad y tranquilidad, puesto que la cantidad que recibo equivale a $ 11.80 cuc mensual y es imposible que alcance frente a los actuales precios.

Tomar alternativas, frase muy de moda hoy en día, es algo que hacen la mayoría de los cubanos o como decimos en el argot popular “inventar”, definición etimológica que no aparece en el Diccionario de la Lengua Española y que para nosotros significa buscar la forma de sobrevivir.

¿Qué hacer? No parodio el título de una obra de Vladimir Ilich Lenin, sino que me pregunto como me las arreglo para solucionar los múltiples problemas que hoy son un agobio: las costosísimas reparaciones a mi inmueble, el deterioro de cosas básicas que no puedo sustituir, la adquisición de los imprescindibles artículos de uso personal.

Ante todo, tomar decisiones s en estas en estas circunstancias no es nada fácil por cuanto los impedimentos legales para mejorar la economía personal son bastantes. Soy todavía una persona activa, con capacidad intelectual promedio que puedo utilizar siempre en algo grato que me permita desarrollar mi pensamiento, por eso he decidido escribir para comunicar mis inquietudes a otros.

Inicié mis líneas con un problema original, el objetivo central de cualquier jubilado: el descanso y la gratificación. En nuestro país, debido al bajo ingreso que recibe la mayoría de las personas retiradas, aún después de haberse elevado su paga, no logra satisfacer todas sus necesidades sin trabajo extra.

En cuanto al descanso, resulta paradójico mencionarlo pues una persona aunque se jubile, debe seguir laborando. El único reposo que podrá obtener será el que Dios le dispense cuando lo acoja en el cielo y lo eleve al Paraíso.
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