jueves, 30 de julio de 2009

DIJO EL COMANDANTE, Odelin Alfonso Torna.




Arroyo Naranjo, La Habana, julio 30 de 2009, (SDP). Han pasado 56 años desde que Fidel Castro se defendiera como gato boca arriba con su alegato “La Historia me Absolverá”, en el juicio a los asaltantes del Cuartel Moncada. Una sarta de críticas expuestas por el ideólogo de la acción armada, resquebrajaba la poca moral del General Fulgencio Batista y sus oficiales

Quienes hayan leído el alegato, o lo que es igual, su propia defensa ante los letrados, pueden comprobar que cada ponencia de Fidel Castro hoy se revierte sobre un sistema que dice defender la “justicia social”.

Al que por razones de tiempo, ignorancia o desinterés por determinada lectura no lo conozca, lo invito a leer este volumen, de seguro asequible en cualquier librería del país.

No obstante, para demostrar que al abogado Fidel Castro no lo absolvió la historia, me adelanto con algunas de sus reseñas. Mi opinión será la de usted, porque como dice alguien conocido, al final cada cuál sacará sus propias conclusiones.

De los maestros en la República dijo: “Pero el alma de la enseñanza es el maestro, y a los educadores en Cuba se les paga miserablemente; no hay sin embargo, ser más enamorado de su vocación que el maestro cubano […] Ningún maestro debe ganar menos de doscientos pesos, como ningún profesor de segunda enseñanza debe ganar menos de trescientos cincuenta, si queremos que se dediquen enteramente a su elevada misión”.

De la explotación en el campo dijo: “Nosotros llamamos al pueblo si de lucha se trata, […] a los cien mil agricultores pequeños, que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya, contemplándola siempre tristemente como Moisés a la tierra prometida, para morirse sin llegar a poseerla, que tienen que pagar por sus parcelas como siervos feudales una parte de sus productos […]”

Habló también de la desesperanza: “Crecerán raquíticos, a los treinta años no tendrán una pieza sana en la boca, habrán oído diez millones de discursos, y morirán al fin de miseria y decepción […]”.

Sobre la libertad expresión y asociación dijo: “Había una vez una República. Tenía su constitución, sus leyes, sus libertades; Presidente, Congreso, Tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad”.

Si quisiera llenaría dos, tres y hasta seis cuartillas de estas reseñas. Pero, ¿qué dejaría para los lectores?

Se pregunta Fidel Castro al final de su alegato: “¿Cómo llamar revolucionario a un gobierno donde se han conjugado los hombres, las ideas y los métodos más retrógrados de la vida pública?”

Usted me dirá si la historia absolvió o no a Fidel. Si mintió o dejó de mentir. “No fue nunca el tirano Batista un hombre de escrúpulos que vacilara antes de decir al pueblo la más fantástica mentira”, dijo mi Comandante.
odelinalfonso@yahoo.com