jueves, 16 de julio de 2009

LOS RANCHEADORES DE LA VIRTUD, Víctor Manuel Domínguez.




Centro Habana, La Habana, 16 de julio de 2009, (SDP) La venta de “un esclavo llamado Cristiano Ronaldo” a la dotación del Real Madrid por 94 millones de euros (130 millones de dólares), despertó la sensibilidad izquierda del internauta rancheador Santiago Alba Rico.

Decidido a denunciar en Cuba (desde el exterior) la compraventa y tráfico de atletas convertidos bajo el látigo del dinero en espartacos de salón, agregó a su lista otros esclavos comprados con anterioridad: Zidane, 76 millones: Kaká 66: Figo 61 y Buffón 47.

Según el curtido velador de injusticias, el Real Madrid “ha comprado todas sus posturas, todos sus gestos, todas sus miradas, todas sus muecas, todos sus besos, todos sus placeres, todas sus figuras; ha comprado las formas de sus cuerpos y todas sus comparecencias públicas”.

Sin embargo, en su artículo Deporte y Esclavitud, no hace mención a los atletas cubanos. Ni falta que hace.

Jamás ningún atleta-esclavo de la era moderna vendería tantas cosas por un salario en moneda nacional equivalente a 25 dólares, una jaba de aseo al mes y una cuota extra de arroz, dos libras de plátano burro y la entrada gratis a cualquier evento deportivo en el país. Y aún menos si tienen la medicina gratis, el reconocimiento del pueblo y un elevado nivel educacional certificado por méritos deportivos, aunque todavía no sepan escribir: “Soy dueño de mi destino”.

El gobierno cubano no los compra ni esclaviza. Los cría, engorda, dirige, premia, castiga, dosifica sus salidas y decide hacia dónde pueden ir y hasta cuando deben continuar en el deporte.

Los atletas cubanos no se fugan; desertan. Huyen de tanta felicidad y del control desmedido de las autoridades. No importan las vías, el lugar, ni las medallas olímpicas, mundiales o panamericanas que dejen atrás: no son esclavos, son desprendidos.

La persecución, captura y devolución a la Isla de los boxeadores Guillermo Rigondeaux y Erislandy Lara, escapados de la delegación cubana que asistió a los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007, fue un acto de salvación de sus virtudes como atletas. Algo así como la nacionalización de su talento, o un santo y seña que los obliga a nacer y morir en Cuba, sin la necesidad de probarse a otros niveles ni en otros escenarios deportivos si no es en representación de su país.

La única sanción que recibieron Rigondeaux y Lara fue moral, una simple condena de por vida al ostracismo, ya que “habían llegado a un punto sin retorno como parte de una delegación cubana en ese deporte”

¿Cómo escapar entonces de quiénes muestran tanta preocupación al decirte come, salta, duerme, di que sí, saluda, sonríe, llora y permanecerás en el Olimpo de los hombres puros, y de no hacerlo crepitarán tus sueños entre las llamas del nunca jamás boxearás en Cuba?

Pero son tantas las preocupaciones por los esclavos del capitalismo que tiene Alba Rico que su mirada no entra en nuestros barracones, ni alcanza a descubrir los cientos de deportistas cubanos que andan apalencados por el mundo.

Es cierto que la dignidad humana no tiene precio, pero el talento sí, y es en el mercado de la oferta y la demanda dónde se puede comprobar.

Nunca dejaron de ser cubanos ni abandonaron el país los peloteros que fueron autorizados a cambiar el nombre de Cuba por el de una fábrica de bicicletas de un equipo de béisbol japonés.

Pero de acuerdo a lo que se colige del artículo de Alba Rico, al igual que los periódicos que anunciaban en la Habana de 1790, “se vende una negra de 24 años, robusta y sana, sin tachas ni enfermedades, 300 pesos”, ahora sale publicado por los dueños del Real Madrid: “Se vende un futbolista, calvo, con temible pierna derecha, gambetas al por mayor y la resistencia de un tren, al precio de 100 millones de euros”.

Todo eso es posible. Pero de lo que si puede estar seguro es que nunca verá un anuncio que diga así: Se venden un boxeador y un pelotero (incluido sus entrenadores y un periodista) de notable actitud en el partido, entusiasmo en las actividades cederistas y pericia en las Milicias de Tropas Territoriales. Además, buenos hijos, excelentes hermanos y padres insuperables.

Esos tendrán que escapar, y aunque no sean esclavos, serán perseguidos hasta su muerte por los rancheadores de la virtud.
vicmadomingues@gmail.com