jueves, 26 de marzo de 2009

AGUA PARA CHOCOLATE, Elías Paz


Jaimanitas, La Habana, 26 de marzo de 2009, (SDP) Si tomas chocolate, paga lo que debes; destaca un reportaje del periodista Jorge Rojo de la Televisión Cubana publicado el 19 de marzo. En él se criticaba despiadadamente a los usuarios que no pagan el ómnibus y a los empleados que se apropian de la recaudación. Se hizo énfasis en los conductores que se apropian del vuelto del pasajero.

La crítica se extendió a la panadería donde nunca tienen menudo para devolver. Y por este vericueto de apropiaciones indebidas, se concluyó por fustigar a buena parte de la población que se resiste a pagar los efectos electrodomésticos entregados por la “benévola revolución socialista”; devenida en la pobre víctima de la que todos se aprovechan.

Como es usual en estos reportajes, se entrevistó a choferes de ómnibus, conductores, panaderos y a otras personas; quienes se compadecieron del maltrato al erario público: el estado realiza colosales esfuerzos para comprar autobuses para el pueblo y luego la gente no quiere pagar su pasaje; reparte refrigeradores y equipos electrodomésticos a precios asequibles y los beneficiados esquivan saldar su deuda, dijeron algunos de los entrevistados. Hablaron de combatirlas sin tregua, de que había que ser enérgicos con esas tendencias negativas y todos las censuraron como si se tratara de cosas ajenas a su persona. ¿Pero en verdad los interpelados en este trabajo de prensa están libres de culpas como para lanzar la primera piedra?

El pago del ómnibus, − aunque se ha multiplicado por 8 con relación al existente en 1990, mientras que el salario lo hizo por 2 – es una de las pocas cosas que tienen un precio tolerable. Hasta aquel año un café costaba 5 ¢ al igual que el pasaje de marras y otros muchos comestibles costaban menos de un peso, con lo que la fracción en centavos tenía un uso generalizado y por tanto existía una infraestructura que hacía posible el menudo para el pago del autobús.

Pero ahora ese mismo café cuesta $ 1 peso y el resto de los servicios se pagan en múltiplos de esa unidad por lo que desapareció la infraestructura de la fracción y con ello el pueblo no encuentra con facilidad los 40 ¢ para echar en las alcancías de las guaguas. Ahí esta el problema: ¿echar el peso o no? Y como es natural triunfa el ¡No!

Los ómnibus que tienen conductores son una solución al problema pues por lo regular tienen cambio para fraccionar el peso y dar el vuelto, casi es el único lugar donde se obtiene fracción para echar en las guaguas con alcancías. Sin embargo, al gobierno le molesta esta labor tan necesaria. Y en este país, donde hay tantos trabajadores en cuyos puestos se hace poco o nada, se quiere racionalizar al conductor.

Ya los quitaron en algunos paraderos para reemplazarlos por las alcancías, − aunque estas recauden menos − y el resto están bajo constante amenaza: los vigilan, les exigen entregar $ 400 por jornada (1000pasajes) y arriba de eso los acusan de apropiarse de la recaudación.

Que algunos conductores se hacen los remolones para devolver el cambio, es problema a resolver por el usuario. Algunos reclaman el vuelto y otros no, porque saben que es la “búsqueda” del conductor.
Veamos del conductor otros elementos positivos como son además de tener el cambio ya mencionado: que tratan de recoger a todos los usuarios por su interés de recaudar, que ponen orden en la transportación para que quepan más personas, se ocupan de cerrar la puerta para que nadie viaje en condiciones de peligro, etc. ¿No es bastante a su favor?

En las panaderías ocurre otro tanto. El mal que padecen es el mismo que nos afecta a todos. En otros países donde las panaderías son particulares, el pan nunca es de mala calidad, siempre tienen cambio, venden lo más barato posible, no se rompen las máquinas o al menos la población no se entera si eso ocurre. Eso es lo que necesitamos y no una justificación sobre otra.

Que los efectos electrodomésticos estén baratos y al alcance de la población, no es la opinión popular. Por el contrario, la queja generalizada es el tener que entregar un refrigerador en condiciones de uso, para poder adquirir el nuevo y además pagar por este $ 6 000 pesos. Nada menos que la friolera del salario integro de dos años de un trabajador promedio. Con el monto del salario de dos años, los obreros de Latinoamérica se pudieran comprar un automóvil, los de Europa una rastra y los de Norteamérica la letra de una locomotora.

No entiendo el tipo de periodismo del Sr. Jorge Rojo de la Televisión Cubana. Pues para resolver esos y otros muchos problemas hay que reclamar primero: ¡¡Cuando van a devolvernos lo que nos deben en salario!! Me refiero a reponer el equivalente al salario de la década de los años 50, cuya capacidad para adquirir bienes y servicios, era 40 veces el actual. Mientras eso no se resuelva, el cubano tendrá que seguir inmerso en el delito, “resolviendo” en todas partes. Porque para pagar el chocolate, es preciso primero cobrar lo que nos deben.

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