jueves, 9 de julio de 2009

DEL OTRO LADO DEL MURO, Pablo Pacheco Ávila




Prisión Provincial Canaletas, Ciego de Ávila, 9 de julio de 2009, (SDP) El mundo en que vivimos no puede y no debe verse como una gota de agua en un cristal. Menos aun, en blanco y negro. Si aspiramos a ser justos con el prójimo, debemos ver los matices de la vida. Entonces, algo nos dirá que la sinceridad comienza por uno mismo. De lo contrario, jamás encontraremos la justicia.

El universo de hoy, inevitablemente está globalizado. En mi opinión, para bien de la humanidad. Antes que las autoridades de la Isla me llevaran a prisión por motivos de conciencia, me preguntaba una y otra vez: ¿Por qué unos presos políticos pueden denunciar la realidad de las prisiones cubanas y otros no? Ahora que estoy en el lugar, encontré la clave. En estos seis años, tres meses y doce días de cautiverio, muchos de nosotros, denunciamos sistemáticamente las violaciones a los derechos humanos y hasta donde tengo noción, dos de mis hermanos han podido escribir sus memorias y verlas convertidas en libros. Por supuesto, no todos tenemos la misma capacidad intelectual.

Si vamos a ser objetivos y prácticos, tenemos que analizar la importancia de escribir sobre la crueldad en los centros penitenciarios del país. No ser subjetivo y ver la situación desde el punto de vista más fronterizo posible. No todas las prisiones son iguales y no por ello puedo imaginar a la comunidad internacional valorar la situación en Cuba, como un paraíso.

Sólo nosotros los prisioneros políticos, en especial los de la Causa de los 75, sabemos lo que es vivir en aislamiento, en celdas semi tapiadas, sin ver el sol por dieciocho meses, visitas cada tres meses, pabellones conyugales cada cinco, es decir, tres por año. Jabas de treinta libras. Sin teléfono, dos asistencias religiosas, en casi dos años. Soportar los gritos enloquecidos de un condenado a muerte.

A esto agréguese que cuando pasamos a vivir en los destacamentos, hubimos de convivir en la jungla junto a ladrones, asesinos, pederastas, violadores, en fin lo peor de cada caso cubano. Estoy seguro que después de esto, ninguno de nosotros será el mismo y no será por debilidad. Han pasado seis años y seguimos firmes como una roca, pero sinceramente, nunca volveremos a ser los mismos.

Escribo, y es de todos como siempre digo y si por esto alguien cree que las cárceles cubanas son el Olimpo, entonces que me perdone, se debe dar un enjuague de cerebro. Hay días que he escrito la historia de un preso común con la úlcera al reventar y mi riñón sin permitirme incorporarme, pero aún así, sigo adelante. Lo digo desde este sepulcro de hombres vivos.
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