jueves, 9 de julio de 2009

POESÍA DE TANIA DÍAZ CASTRO




NOTA DE SDP
‘INVENTAR UN HOMBRE’ libro de poemas de amor escrito en Cuba por Tania Díaz Castro fue enviado a una empresa editorial radicada en La Florida USA. Para mejor señal e información una empresa de Miami. Dicha empresa tomó la decisión de no publicar la entrega, porque no estaba comprometida políticamente en los decibeles adecuados para la corrección política que se usa allá.

SDP decidió con el consentimiento de la autora asumir la publicación por entregas de la obra en su sección Arte y Literatura. Aunque hemos sabido que un curandero aunque cuente con mucha práctica, nunca llegará a la maestría del Doctor, seguimos insistiendo en cocer la pócima para la libertad en Cuba.


Para todos desde Cuba, INVENTAR UN HOMBRE:



TODO LO SABES DE MI

Todo lo sabes de mi.
El color de la espuma.
Mis ojos de llorar en
Aquel templo de Kyoto.

Lo que fui. Lo que soy.
La cárcel que he sufrido.La que me falta por sufrir.

El viento que me queda.
Las lunas que me aguardan.

Este trajín de amarte,
Ángel mudo en pantuflas
Como fusta escondida.

Todo lo sabes de mi.
Hasta mi última palabra.

- - - - - - - - - -

TE FALLE

Te fallé. Me olvidé que estaba como muerta.
Y desperté.
Me olvidé de contar ovejas para lograr el sueño.
Quise ser la vieja durmiente de un bosque
Para que un beso tuyo me despertara.
Y te fallé.

Dejé de ver a la luna con ojos de lechuza
Entre los árboles. El sol tan rojo del ocaso
Como un huevo sin freír en la sartén de mi cocina.
Te fallé.

Me olvidé que los animales no ríen
Ante el espejo y ante el espejo me reí.

Te fallé.
Comencé a ver un mundo de colores vivos,
A comer la manzana sin cuchillo,
A caminar desnuda a la velocidad de la luz
sobre la superficie
De la luna.

Por último, te fallé en grande:
Te pedí todos los pájaros,
Hasta los que se te ahogan en la garganta
Para que volaran
Y como volaron, te fallé.

- - - - - - - - -

A MEDIA NOCHE
He pasado la noche sola al lado de este sueño.
George Sand

Apagué todas las luces para que no me vieras.
Sólo dejé encendido el teléfono.
Mi madre, que aún no estaba muerta, dormía
Plácidamente en la otra habitación, mientras tú entrabas
Por el tiempo y hacíamos el amor
A través de un hilo mágico colgado de la memoria.

Apagué todas las luces para no verte como un hombre real.
Sólo tu voz de viento y soledades. No pares, te dije.
Sigue hablando. Deja que tu voz me rasgue bajo este
Manto oscuro de los años.

No pares. Habla. Habla.

Eras un hombre. Hasta despierta como ahora
Me parece saborear el amargo y dulce líquido de tu cuerpo,
El suave revoloteo de tus cabellos blancos
Como palomas.

Enciendo la luz. ¡Eras tú¡ No otro. ¡Tú mismo, Santo Cielo!

Mi gato blanco, dueño y señor de mi cama, no dormía a mis pies,
Ni esa luna, con tantos años que tiene, entraba por la ventana.
No era el año 2006. No recuerdo el año.

Enciendo todas las luces. Hasta la del patio
Para no seguir escuchando tu voz
De viento y soledades sobre mi cuerpo.
- - - - -


INVENTAR UN HOMBRE

A Bill Gates y su milagro



Una mañana impúdica de febrero inventé un hombre para mí.
De tierra, de maíz, mezcla de polvo de estrellas.
Tan pequeñito en la distancia
Que me cabe en un bolsillo de mi blusa
cuando viajo a La Habana.

Un hombre con voz de trueno en la noche,
De tarde brumosa
Para una pasión virtual.

Como llega adánico este hombre, obra recién hecha, No descubre que aún tengo rosados y tibios mis pezones.

El hombre que inventé no escucha mi último grito.
Como ley, lo impuse bajo el agua de mi baño.
El palidecía de sorpresa. Esto es un juego, me dijo exhausto,
Un invento tuyo. No puedo. Basta.
Pero yo, sorda de cañón ante la barbarie del tiempo,
Seguí inventándolo con jabón para mi cuerpo

Ahora, cómo lo deshago, cómo dejo abiertas mis manos
Para que se escape entre pájaros y rosas exiliadas,
¿Cómo invento otro si es éste el que yo quiero?


¿Cómo no seguir viéndolo en la vida que me queda?

No pedí ser su esposa, ni su amante.
Sólo una demente desnuda que lo inventó anoche
En la pantalla de su laptop
Hasta ver caer a lo largo de mis piernas
Un raro manantial de lágrimas.

Ya no lo puedo deshojar, ni destejer, mucho menos disolver
Su cuerpo en agua ajena, cambiarlo de carpeta, de disco duro.
Hacerlo desaparecer con el diminuto ratón.