jueves, 2 de julio de 2009

CRISIS PERMANENTE, Miguel Iturria Savón




El Cotorro, La Habana, julio 2 de 2009 (SDP) Miércoles atrás, la célebre Flor de Anís entrevistó en Tele Pío al profesor Mente de Pollo sobre la crisis económica mundial y sus efectos en Cuba. Los actores de Dale Taller usaron la sátira para expresar las verdades que ocultan los medios informativos oficiales, aferrados a las victorias internas y las catástrofes foráneas, para justificar a una revolución que sobrevive en la imaginación de los guerreros envejecidos en el poder.

A Mente de Pollo, como a muchos cubanos, no le preocupa la crisis, pregunta de qué crisis hablan los diarios internacionales. Como el salario no le alcanza para comer, no sabe nada de ahorro ni de la quiebra de los bancos, término que confunde con los desvencijados asientos de los parques. Tampoco le sorprenden los apagones, el aumento del precio de los productos alimenticios ni el costo de la gasolina. Recuerda que siempre hubo apagones y problemas con el transporte; si no circulan los automóviles, evitamos la contaminación y los accidentes.

Ante la insistencia de la presentadora, Mente de Pollo sugiere que llamemos a la crisis, hablemos con ella y le hagamos un homenaje para ver si nos deja tranquilos, pues casi siempre el homenaje antecede a la muerte y simboliza la despedida.

Sin adentrarnos en la alegoría de tal propuesta, creo que muchísimas personas coincidimos con los actores del programa más popular de la televisión cubana. Vivimos de espalda a la crisis porque crecimos en ella y nos acostumbramos a sus secuelas. Somos esclavos con máscaras; subsistimos en la miseria colectiva y la tensión cotidiana.

Tal vez por eso la emigración es un deporte nacional, tan popular como el béisbol.
Millares de cubanos escaparon del temporal por los puertos de Camarioca y El Mariel. El éxodo del Mariel, ocurrido en la primavera de 1980, fue un verdadero plebiscito contra el castrismo, financiado entonces por la antigua Unión Soviética, cuya debacle total (1991) acentuó nuestros problemas internos. Fueron enmascarados con el eufemístico Período Especial en Tiempos de Paz, el cual desató las válvulas de escape por casi todas las costas en 1994, atenuado por el régimen con el hundimiento de remolcadores y avionetas, la apertura del comercio interior y la construcción de cárceles y hoteles.

El sentido común aconseja cambios más profundos, pero el miedo, la torpeza y la incapacidad del gobierno para desatar las fuerzas productivas y estimular el desarrollo nos sumergen en la crisis de siempre. El patinaje en el fango no depende de los vientos que soplan en la banca mundial.

Siempre estuvimos conectados a otras naciones. Nos afecta el alza de los precios, la disminución del turismo y el costo de las materias primas, pero todo gobierno debe tener estrategias y alternativas para no apretarle siempre el cinturón a los de abajo.
No es a la crisis a quien hay que hacerle un homenaje para que nos deje en paz, sino a los viejos mandarines que sumergieron al país en el desastre. Si no se van, hay que apartarlos. Ya es hora.

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