jueves, 9 de julio de 2009

CRISIS Y REVOLUCIÓN PERMANENTE, Juan González Febles




Lawton, La Habana, 9 de julio de 2009, (SDP) El teórico marxista y revolucionario profesional ruso-judío, León Trotsky, esbozó por primera vez la tesis que denominó ‘revolución permanente’. Las tesis y teorías trotskistas chocaron dramáticamente con las posiciones sostenidas por Stalin. Este terminó por asesinar a Trotsky y por combatir de forma tenaz y sistemática a sus teorías a las que calificó como ‘revisionistas’ y de forma más concluyente, contrarrevolucionarias.

El castrismo nunca fue marxista. Tampoco fue un cuerpo de ideas dotado de elementos o herramientas de carácter filosófico. No fue tan siquiera un cuerpo estructurado de ideas, organizado de forma coherente. Se trató de lo que se improvisó sobre la marcha para retener el poder. En unos casos contramarchas, en otros, algo efectista, espectacular, efímero pero de resultados prácticos inmediatos para sustentar la próxima consigna.

La dictadura cubana se inspiró en la revolución permanente trotskista y creo la crisis y confrontación permanente ciudadana. Nunca antes en la historia política cubana se lidió con un modelo político más cerrado a la voluntad ciudadana y dirigido de forma directa a la promoción narcisista de la personalidad del jefe de estado. Para ello, se alteró de forma artificial la vida de la nación y de cada ciudadano enfrentado a la crisis permanente, que crea un estado concebido a la medida del deseo personal del líder y de su élite.

Si la revolución fue un sofisma, la crisis devino su única realidad. Esta crisis entronizada desde 1959, postergó con carácter indefinido la realización de las metas personales y la búsqueda de soluciones individuales, para los cubanos durante cincuenta largos años.

Los recursos de la nación y el estado cubano, se orientaron a la proyección internacional del líder. Se dirigieron a la consecución de los planes faraónicos de un Fidel Castro, a quien la Isla de Cuba y el propio marxismo, siempre quedaron demasiado estrechos.

La llamada revolución cubana y su crisis permanente, ocultaron el hecho básico de que el régimen cubano nunca estuvo interesado en mejorar las condiciones de vida material del pueblo.

La crisis permanente cubana con sus recurrentes altas y bajas, representa el periodo más estéril e improductivo de la nación. Los cincuenta años de permanencia del régimen cubano, en términos temporales pueden ser comparados con los cincuenta y siete años de vida de la república democrática. El balance final es decepcionante.

Curiosamente, las ideas trotskistas convenientemente soterradas durante la era soviética, tuvieron su repunte con las mascaradas orquestadas más cerca en el tiempo, por el presidente bolivariano Hugo Chávez. En Cuba, tales ideas y la revolución permanente trotskista, fueron recibidas con entusiasmo por intelectuales de izquierda. Algunos entre ellos, tuvieron una mayor o menor participación en el promocionado show conocido como tormenta de e-mail.

La Isla ciertamente no fue grata para Trotsky o los trotskistas. Su asesino hizo una de las primeras paradas al salir de prisión en Cuba. Su madre, una agente de Stalin, dicen que fue cubana. El presidente Raúl Castro nunca ocultó sus simpatías por Stalin y su rechazo por Trotsky. Nunca llegó a comprender su discurso político, demasiado intelectualizado para su gusto.

Para concluir, los dos promotores más promocionados del trotskismo en Cuba, los hermanos Celia y Enrique Hart Santamaria, hijos del ideólogo castrista Armando Hart y de la heroína revolucionaria Haydee Santamaria, murieron juntos, en un extraño accidente de tránsito en La Habana.

En la actualidad, la revolución permanente continúa como sueño inalcanzable para los círculos trotskistas desperdigados a lo largo del mundo. La crisis permanente cubana se mantiene inamovible, sostenida por los mismos que la impusieron cincuenta años atrás.
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