jueves, 9 de julio de 2009

LOS RICOS DE RAVSBERG, Luis Cino



Arroyo Naranjo, La Habana, julio 9 de 2009 (SDP) En mayo de 2005, entrevistado por Elena Regoyos, el corresponsal de BBC Mundo en La Habana, Fernando Ravsberg, aseguró que reportaba libremente desde Cuba, sin más limitación que la de decir la verdad. Sólo lamentaba tener poco o ningún acceso a fuentes oficiales. Por lo demás, se cuidaba de mentir, exagerar o equivocar datos, para evitar que lo expulsaran del país.

Pero he aquí que los blogs, con la libertad y desenfado que otorgan, obran prodigios aún en los periodistas más avezados. Varias personas me han comentado que hoy el blog de Ravsberg resulta mucho más interesante que los habituales despachos que escribe desde La Habana hace 19 años. Creo que tienen razón. Por fin Ravsberg logró pasar por encima del hermetismo oficial, la paranoia de los disidentes y la manía cubana de la intolerancia de la que tanto se queja. Ahora en su blog de BBC Mundo, escribe historias de realismo mágico que por su fabulación y capacidad de generalizar lo insólito, harían palidecer al mismísimo Gabriel García Márquez.

El periodista uruguayo refiere casos de “cubanos residentes en la isla que financian a sus familiares en el extranjero”: una peluquera del Hotel Nacional que mantuvo a su hija mientras convalidaba su título de sicóloga en la Florida, el dueño de una cafetería que costea los gastos de un hijo que vive en España, la propietaria de una casa de alquiler habanera que envía mensualidades a su hija y su yerno para que puedan sobrevivir en Estados Unidos…

En “Pobrecitos los cubanos”, colocado en su blog el día 11 de junio, Ravsberg niega que la pobreza sea la realidad de la mayoría de la población. Afirma que el 50% de los cubanos gana ingresos en moneda dura además de su salario y que hay quienes “ganan mejores sueldos que los que se pagan en Miami”.

Desde que leí eso, me he hecho el firme propósito de conocer mejor a esa mitad de la población cubana que recibe moneda dura. A la mayoría de los que conozco que reciben remesas del exterior (de las que el Estado cubano roba un impuesto del 20%), casi todo se le va en comprar jabón, desodorante, aceite, detergente y algo de comida. Pasa lo mismo con los que cobran estímulos en divisas en sus centros de trabajo (generalmente menos de 20 cuc, que dejan de cobrar si tienen ausencias, llegadas tarde u otros incumplimientos).

Respecto a las remesas a la inversa, de aquí para allá, sólo conocía un caso. Pertenece a la ficción literaria: el travesti Fátima, del premiado cuento de Miguel Barnet, “El Parque de la Fraternidad”.

Pero Ravsberg, sin referirse a jineteras, dirigentes ni artistas famosos, dice conocer muchos cubanos adinerados. Un extravagante marido que, a pesar de que la atención médica es gratuita en Cuba, se dio el gusto de llevar a su esposa embarazada a parir a Miami y pagó 5 000 dólares por ello; él tenía más dinero en su dulce hogar en La Habana, al que regresaron felices a comprar pañales desechables para el bebé en las tiendas por divisas. Hay otro caso: el de un empresario privado que “logró reunir en su cuenta bancaria más de 3 millones de dólares.” ¿No habrá conocido Ravsberg al mecenas de pintores y dueño del súper paladar Hurón Azul antes que lo enviaran a la cárcel?

Supongo que con tales ejemplos, el Compañero Fidel, que tanto teme al enriquecimiento de los particulares, esté más disgustado que cuando Ravsberg en cierta ocasión tuvo la osadía de calificarlo como “el anciano presidente Castro”.

De cualquier modo, las autoridades deben haber tomado cuidadosa nota de uno que Ravsberg conoce y a quien, como dirían en mi barrio, el periodista uruguayo, aunque no revela su nombre, “lo echó palante” con el DTI. Se trata de un avispado comerciante cubano que tiene una empresa que importa mercancía china en contenedores y paga a un socio europeo para que aparezca como dueño nominal del negocio.

Me temo que con tantos conocidos entre el hampa de cuello blanco y el jet set de los macetas habaneros, Ravsberg esté a punto de tener problemas respecto a su corresponsalía en Cuba. No será por mentir ni por falsificar datos. Tampoco por generalizar las excepciones. En definitiva, a cierta prensa extranjera acreditada en La Habana, tanto como al régimen cubano y a otros gobiernos del mundo, les conviene que Cuba se parezca cada día más a cualquier otro país de América Latina. Sólo ocurre que las autoridades cubanas suelen sentir una enfermiza ansiedad por averiguar las fuentes y los protagonistas de las historias referidas a la acumulación ilícita de capital.
luicino2004@yahoo.com