jueves, 9 de julio de 2009

CURANDEROS, Manuel Aguirre Lavarrere, (Mackandal)


Guanajay, Habana, 9 de junio de 2009, (SDP) De curandero calificó Carlos Marx a quienes desde una mesa de debate pretendían resolver las inquietudes y problemas de sus pueblos.

Hoy acontecen injusticias en el ámbito social cubano contra la parte más vulnerable y desamparada de la población. Mientras un estado socialista, en su lunático empeño por derrotar al imperialismo yanqui, se ufana, a mandíbula batiente, de ser el mejor del mundo en cuanto al bienestar del pueblo.

Lo que acontece en el día a día con el negro en Cuba da amarga vigencia a las palabras del creador del comunismo científico. Curanderos son tanto los que a través de permisos gubernamentales se sientan a debatir el prejuicio y el segregacionismo, como curandero ha sido el Estado en cuanto a derechos y beneficios que otorga, como limosna de agradecimiento, a los herederos de los 82 000 muertos en las guerras de la patria y los descendientes directos de los masacrados por reclamar derechos en 1912. Esa masacre constituye todavía hoy el más bochornoso y horrendo crimen contra los padres de la patria, porque quiérase o no, esos negros son los padres de la patria.

Pretenderán algunos y se apresurarán en decir que en Cuba no hay privilegios de una raza sobre otra y defenderán este concepto con el ejemplo primario del creciente número de matrimonios mixtos. No hay nada más bochornoso, para el negro que se respete, que se le quiera callar su razón poniendo como ejemplo el caso citado.

Cada debate en torno a la problemática racial en Cuba se aleja de la solución al problema por cuanto los que se sientan a hacerlo son personalidades del ámbito científico y cultural cubano, pero falta la opinión diferente, es decir, la opinión del que se sabe parte del problema y vive hacinado en la marginalidad y el olvido.

Escritores y ensayistas, bajo innumerables concesiones al sistema, escriben largos trabajos que obvian la parte esencial del hecho y santifican al Estado mediante frases grandilocuentes y de inquietante sumisión. Eso los hace “curanderos”.

La revolución que se hizo del poder en 1959, la que no iba a decir: “Te vamos a dar”, sino: Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad”, se olvidó del problema negro como se olvida ahora de los derechos ciudadanos y de ratificar los Pactos políticos, sociales y culturales de las Naciones Unidas para la libre asociación.

Esta revolución, la de 1959, al dejar sin efecto concreto la problemática racial, viola una de la partes fundamentales para una sociedad de derecho, y se convierte, por causa y efecto del problema mismo, en traidora de sus propios principios, los que llevaron a la población negra cubana a creer en ella. Dicha creencia ha ido en constante decrecimiento por la falta de autenticidad.

El racismo que lastra hoy a la nación cubana es un producto único y netamente del socialismo y sus curanderos, como dijo Marx a los que pretendían desde la comodidad de un parlamento resolver los problemas de sus pueblos.

Un sistema que no tenga en cuenta los diversos colores de su componente nacional y se torna cada día más despectivo hacia la raza históricamente explotada y socialmente ultrajada, no es un sistema justo.

Para Juan René Betancourt, abogado negro, gran batallador contra la exclusión del afrocubano del entramado social y político de la República: “el régimen de gobierno que menos conviene a una minoría discriminada es el de la dictadura aunque se llame del proletariado, pues sólo la libre exposición de todas las opiniones puede madurar las conciencias y echar los cimientos de la igualdad funcional de las razas”

Ahora cabe preguntar a la población negra y mestiza de Cuba si están dispuestos a llevar por más tiempo un incómodo sentimiento de culpa y de sometimiento, al lado de quien en la práctica y la realidad no hace nada por mejorar su maltrecha existencia.
makandalmm@yahoo.com