jueves, 2 de julio de 2009

LA TRISTE REALIDAD DEL CUBANEO, Manuel Aguirre Lavarrere (Mackandal)




El gran resorte en política dar tiempo de morir a lo que solo goza de ficticia vida. Sonreír y esperar es a las veces manera excelentísima de combatir.
José Martí
Guanajay, La Habana, 2 de julio de 2009, (SDP) La decepción de la población cubana es más palpable entre la juventud. Negros y blancos están en constante flujo hacia los distintos grupos de oposición pacífica, algo que da la medida, muchas veces sutil, que no están de acuerdo con el modelo de vida que a regañadientes y con miedo, han tenido que aceptar. Ellos, blancos y negros, ven opacarse su futuro por absurdos caprichos de un poder ya para nada creíble y para pocos aceptable.

A una juventud que gusta de oportunidades y de las ropas de marcas, por supuesto, solo encontradas en el capitalismo, se le da lo mismo ser como el Che, que como Osama Bin Laden.

Juventud que no cree en las barreras ideológicas de un sistema incapaz de convencer, corazón adentro, a sus propias familias que huyen despavoridos al mundo libre. Juventud que responde a otros valores y que sumergida en ellos trata de abrirse un espacio en correspondencia con lo que defiende, y que nadie, por mandante que sea, tiene derecho a tronchar; aunque simuladamente, ellos, blancos y negros, asistan a actos de repudio y aporreen a ciudadanos pacíficos y desfilen con consignas apegadas al estricto mandato de la ideología comunista.

No importa, han aprendido muy bien las lecciones del simulacro para lograr un fin que bajo estos medios justifica. Si no, ¿cómo salir airoso con un título universitario o ser elegible para un empleo con buenos dividendos?

Lo que no quieren, y están convencidos, es de seguir las mismas esperanzas que por tantos años esperaron sus padres y abuelos y han envejecido o murieron sin que nada bueno les llegara.

Juventud que no espera nada en la Isla que los favorezca como seres humanos. De afuera lo esperan todo y es hacia ahí donde encaminan sus pasos y sus proyectos de vida en busca de horizontes más prometedores y creíbles.

Para lograrlo, esperan, blancos y negros, la llegada de un familiar desde el extranjero, un amigo o simplemente alguien que los ayude a salir del pataleo político cubano. Otros se prostituyen por lograrlo.

Es la triste realidad de una Cuba que ha tocado fondo en la búsqueda de una prosperidad sin encontrarla. Es la realidad de una ciudadanía que apostó por un sistema prometedor de bienestar y justicia, que prometió derechos civiles y políticos, y que a la altura de cincuenta años de forzada permanencia en el poder, ha sido incapaz de llevar a la boca del cubano, un bistec con plátanos fritos.
makandalmm@yahoo.com

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