jueves, 9 de julio de 2009

NOTAS DESDE LA CARCEL Amarilis C. Rey




Managua, La Habana, julio 9 de 2009. (SDP). Es este el caso de uno de esos tantos jóvenes que conforman la población penal en Cuba. Tiene 31 años de edad. A su generación pertenece ese hombre nuevo que ha tenido que aprender a subsistir en un sistema social en que todo es delito y el robo, una forma de vida.

En el edificio 1 del Combinado del Este, donde espera la ratificación de una sentencia de siete años por un presunto delito de robo del que se declara inocente, Alberto Sotolongo Montreal afirma que escribe sus notas desde la cárcel para el mundo. En carta sacada clandestinamente de la prisión, con fecha 4 de mayo de 2009, apunta:

“Sin duda, todo es una farsa grandísima, en esta desorganización muy bien organizada, desde el reeducador hasta el jefe principal, todos te asustan y amenazan con el Área Especial, implementada en el edificio 1 ala norte, donde con corrientes y golpes te llevan para castigar la indisciplina de hablar mal del gobierno en voz alta. También cuando alguien protesta porque no le dan el tiempo para hablar por teléfono con su familia.

Todos tienen miedo, porque aquí hay una ley que si formas algo, te echan más años y luego de nada te sirve que lleves tiempo cumplido de la condena, tienes que empezar de cero nuevamente.

Hay muchos casos que han cumplido su sanción y continúan aquí por causas que se buscan con los matones puesto por las autoridades de la prisión. Ellos son quienes te reprimen y maltratan, por eso reciben lo mejor y logran una buena posición. Para ellos son los pabellones conyugales y visitas familiares sin ningún obstáculo.

En este lugar, las condiciones de vida son muy malas. Las literas están hechas de cabillas de acero. Abundan las cucarachas, que caminan por cualquier parte. Los baños son rústicos, sin sifa. Cincuenta reclusos vivimos en un área de 10 metros de largo y cuatro de ancho aproximadamente.

Para ver el televisor, tienen que salir todos los cubículos, esto es en otra área de cinco por cinco metros aproximadamente. Allí 215 personas y un cubo para orinar, permanecemos cerrados hasta que se acaba el último programa.

No hay prensa diaria, y cuando aparece una es con un mes de atraso. Nuestra correspondencia pasa por un oficial que abre los sobres, revisa y lee las cartas que en ocasiones se pierden, o si hay algo que no les gusta, te mandan para el Área Especial donde te dan golpes y luego te aplican una causa nueva de propaganda enemiga o atentado y entonces más años.

En el mes de abril se instalaron veinte teléfonos en el patio del edificio 3. También se pusieron lámparas en el terreno de pelota. Se arreglan los techos del cuarto piso del edificio 1. Todo esto se comenta que es por una inspección que viene del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Inspección para la que hay que estar bien callados- según expresan los reeducadores: “Si dicen algo que no nos guste o comprometa durante al inspección, será como el hombre que está con la mujer del jefe de la policía, al final él busca la manera de meterle preso, con o sin razón.”

La madre de este joven afirma que desde niño, su hijo ha tenido que padecer el acoso policial porque “su forma de ser no está acorde con la moral socialista.” Y que en la actualidad ha sido víctima de las malas intensiones de los policías de la localidad de Managua, donde reside esta familia. Durante la celebración del juicio- dijo- la persona que lo acusaba fue a retirar la denuncia pues había aparecido el objeto presuntamente robado, pero las autoridades no quisieron escuchar.

Aunque no existen estadísticas públicas, no es difícil escuchar comentarios que aseguran que son muchos los jóvenes cubanos que se pierden diariamente en estos sub mundos de rejas diseminados en más de las 200 cárceles existentes en el territorio nacional.
amarilisrey@yahoo.com

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