jueves, 13 de agosto de 2009

ADMITIR LA DERROTA, Guillermo Fariñas Hernández.



La Chirusa, Villa Clara, agosto 13 del 2009 (SDP) “Cuando un agente dentro de una red es casi descubierto y el mando no desea perder el trabajo invertido para alcanzar su ascenso, entonces se le baja el perfil, para valorar los daños en su credibilidad como infiltrado”, así afirmaba el coronel Héctor Hernández a un grupo de cadetes en la Escuela Superior de la Contra Inteligencia Militar “Comandante Arides Estévez”.

A este método se le conoce en el argot del juego Inteligencia versus Contrainteligencia como “Congelarle el Perfil al Agente”. Algunos teóricos de estos menesteres arguyen que el solo hecho de aplicar este procedimiento a cualquier infiltrado ya es una señal de que su trabajo de búsqueda de información no está bien encaminado.

Algunos creen que aplicar esta técnica es una indicación premonitoria de que la labor del espía comenzó a llegar a su fin, porque en las características de esta modalidad de faena, el factor confianza es algo indispensable y si no se es portador de esta, entonces es mejor retirar a tiempo al agente.

Esta manera de actuar de los oficiales del contraespionaje castrista se hizo notoria tras el ataque que padeció el intento de unidad conocido como Concilio Cubano, en febrero de 1996. A su agente mejor cotizada de aquel momento, Odilia Collazo Valdés, le fue inmediatamente disminuido su alto perfil ante el menoscabo de su imagen en el seno de las filas disidentes.

En estos casos, los mandos del Ministerio del Interior o la Contra Inteligencia Militar que tengan las responsabilidades de manipular al agente de marras se verán ante dos posibles salidas.

La primera consiste en crear una supuesta atmósfera de decepción en el infiltrado, para dar la imagen de que se aleja poco a poco de la actividad opositora. Esto casi siempre que se hace, es debido a que con la ayuda del informante, se ha logrado colocar a distintos delatores en las muchas organizaciones de la sociedad civil emergente. De destaparse quien en un momento dado los aupó, caerían las sospechas sobre varios de los otros chivatos con que cuenta la red.

La segunda variable usada es destapar públicamente a los soplones ante el asombro de los diplomáticos acreditados en Cuba y la prensa extranjera. Ni que decir de la decepción que padecen los cubanos anticastristas en la diáspora y algunos militantes prodemocráticos de fila, quienes por lo general llegan a idealizar a los prefabricados líderes.

De mirar la historia de lo ocurrido con los destapados confidentes infiltrados en la membresía de aquellos que buscan la democracia, se puede observar que a los oficiales de la Seguridad del Estado cubana les encanta aplicar esta última variante como manera de conmocionar a la opinión pública. Es además un modo de inculcarle subliminalmente a la sociedad en su conjunto un sentimiento de perenne desconfianza para poder continuar la manipulación represiva de la inmensa mayoría de la ciudadanía, pues ante cada uno de estos descorches, salta el policía que todos llevamos dentro.

En la actualidad, ante el alto nivel de críticas, protestas y la insatisfacción de casi todos los integrantes de la sociedad nacional, los mecanismos represivos están abocados a ejecutar una ola represiva. De llevarse a cabo, sin dudas serán destapados los chivatos como en similares situaciones anteriormente vividas. Un paso a dar bastante controvertido, porque la metodología de la infiltración y el espionaje entre los disidentes ya carece de ideas creativas. Y por lo general, en su afán de sembrar la desconfianza, los destapados necesitan exteriorizar como engañaron o fingieron para embaucar a sus compañeros de luchas.

Puede ser que estos métodos dieran resultado en infiltrar oposiciones violentas, donde el clandestinaje y el secretismo primaban. Hace más de tres décadas, la lucha por la libertad de Cuba tomó rumbos pacifistas. Estos, aunque vulnerables a la penetración policial, dejan sin pretextos a la represión y acrecientan la solidaridad del mundo con los reprimidos.

Muchos oficiales del inefable G-2 se comportan incoherentemente ante la lógica de las argumentaciones de los defensores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Ellos que creen tener toda la verdad en sus manos, no toleran conversar con unos detenidos que se muestran seguros y por ello, los instan impotentemente a tomar las armas.

Con métodos pacíficos, todo es muy lento para lograr reinstalar la democracia en Cuba. Sin embargo, la fe en este tipo de enfrentamiento favorece a la disidencia pública y no violenta dentro de Cuba, pues una percepción psicológica está de parte de estos abiertos anti-totalitarios: la mayoría del mundo se solidariza con los más débiles.

Crear un falso dirigente para la notoria oposición interna de la isla es una de las tareas de mayor costo en todos los sentidos. El agente tiene que meterse en el personaje como un buen actor y esos preceptos calan hondo en su yo interior. Debido a ello, la credibilidad en el castrismo por parte del infiltrado puede caer al piso. Bajarle el perfil solo es admitir la derrota.
cocofari62@yahoo.com