jueves, 20 de agosto de 2009

RELIGIÓN Y POESÍA CUBANA EN EL SIGLO XIX Lucas Garve

Mantilla, La Habana, 20 de agosto de 2009, (SDP) Objeto de estudio de críticos e investigadores, las obras poéticas de carácter religioso siguen ocultas al gran público. Poco o nada estudiadas en cursos académicos, sobre todo en el último medio siglo, resulta interesante examinar este capítulo perteneciente a la Poesía en Cuba.

Sucede en cuanto a este tema que la expectativa de los críticos tiende a privilegiar las obras plásticas más que las literarias, quizás por atracción hacia aquellas grandes obras del Renacimiento que a las salidas de las plumas de poetas.

A Don José Severino Boloña se debe la primera publicación de una Colección de Poesías (1833) de este tipo en la isla. En el volumen aparecen una serie de sonetos sin firma. De estilo rudimentario, más bien los autores emplean un tono de catequesis, propio tal vez de la inmediatez de la oración primitiva.

En ellos, se transmiten dos sentidos básicos. Primero, el declarar cuáles son la esencia y los modos de conducta de Dios hacia el Hombre. El segundo, establecer el compromiso del Hombre con la voluntad de participar en la Alianza Divina.

Entre los bardos cubanos que escribieron obras de este carácter se encuentran algunos muy conocidos. Estos servirán de ejemplo y, a través de sus poemas, podremos constatar la importancia de esta poesía religiosa, la que una vez más refrenda el vínculo de Arte y Religión.

Tenemos a Manuel de Zequeira y Arango con “La vida, pasión y muerte de Jesucristo”, un poema donde el interés está centrado en la reacción del bardo ante la pasión y muerte del Verbo. Él se concentra en dos pasajes: el del Niño que asombra por su sabiduría y el de Lázaro resucitado. El estilo es neoclásico y el tema que aborda es el del conocimiento y el triunfo sobre la enfermedad y la muerte.

De no menos interés, “Últimos Versos” de José María Heredia, nos ofrece uno de los ejemplos de mayor refinamiento en este orden. En los versos de Heredia se expresa una asociación intensa de apelación a Dios y dolor por la Patria. Aquí, Religión y amor por su tierra natal sobresalen por el impulso romántico que inspira al autor.

Poemas, si se podrían denominar de “ocasión”, son esos de Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido): “La resurrección”, “En la muerte del redentor”, “A la bendición de la nueva nave de la iglesia de Matanzas” (su pueblo natal) que unen devoción y cotidianeidad en una nota singular. No pueden faltar la “Plegaria a Dios”, donde toma a Dios como testigo y juez supremo de su inocencia ante la muerte y su “Despedida a Dios”, ambos escritos poco antes de ser ajusticiado.

Por su lado, Gertrudis Gómez de Avellaneda, nos deja en “Las dos luces” la grandeza de la razón y el libre albedrío como dones de Dios al Hombre. En su soneto “A Dios” evita el tono de estilo teatral y ofrece al lector una superación en relación a esa tendencia.

Escribió la autora camagüeyana numerosos poemas religiosos, entre ellos “Devocionario”, “Canto a la Cruz”, “A Dios”, “Las Siete Palabras”, “María al pie de la las dudas racionales del Hombre y sus reproches a la Providencia. Mantiene un diálogo a la manera neoclásica en unos y en otros se tiñe de romanticismo. En todos, sostiene una reflexión filosófica en Dios y el Hombre.
garvecu@yahoo.com