jueves, 13 de agosto de 2009

EDITORIAL 81; INMOVILISMO SALVAJE

Fidel Castro cumple 83 años de edad. Luego de 47 años de poder absoluto, lleva 3 alejado del gobierno por enfermedad. Al organizar la sucesión por medio de una proclama que sólo delegaba funciones, también se comportó absolutamente como un monarca absoluto. Ahora el Comandante en Jefe es el Compañero Fidel y escribe reflexiones en Cuba Debate, que difunden todos los medios del Estado.

Algunos cuestionan si las escribe realmente él, si lo hace sólo o si lo auxilia (o las escribe por él) un equipo multidisciplinario y muy disciplinado. En realidad, no es algo trascendente. No hay dudas que el aliento de Fidel Castro está en ellas. Lo verdaderamente curioso es que el país se debate en la peor crisis de su historia (el general-presidente lo admite sin ambages) pero las reflexiones del Compañero Fidel hace meses que no hacen la menor alusión a la situación nacional.

Lo único que sobra en Cuba es problemas. Todo lo demás (la comida, la vivienda, los derechos humanos, los valores morales) está en falta. Ante tanto desastre, aún no acertamos a comprender como fue posible que una casta abusiva e inepta nos gobernara durante medio siglo y aún intente perpetuarse en el poder a como dé lugar. Uno de nuestros colaboradores se refiere al “holocausto cubano” en el sentido de “holocausto” como “desastre humano de gran magnitud”. No anda mal encaminado el colega.

Pero el general Raúl Castro advirtió ante el VII Pleno del Comité Central, luego de volver a aplazar indefinidamente el VI Congreso del Partido Comunista (cosa que a la mayoría de los cubanos le tiene sin cuidado), que a él no lo nombraron presidente para destruir la revolución y restaurar el capitalismo, sino para fortalecer los patrones del sistema socialista.

¿Significa esto que los necesarios cambios estructurales que alguna vez anunció no se materializarán? ¿Significa que seguiremos condenados a las carencias, arbitrariedades y prohibiciones absurdas de siempre de los amos del país?

Debemos suponer entonces que tan irrevocables como el socialismo, congelado como pescado en nevera por la farsa de la reforma constitucional del verano de 2002, serán la indisciplina social y la desmoralización como respuesta primaria de un pueblo indefenso frente a los abusos y los mecanismos absurdos que el general Raúl Castro se propone perpetuar.

¿Qué impide que la anquilosada elite que nos desgobierna comprenda que su modelo no funcionó, no funciona ni funcionará? Es demasiado tarde para los nuevos ajustes, para hacer remiendos y poner parches chapuceros.

Uno de nuestros colaboradores advierte que los cambios en Cuba no llevarán necesariamente a eso que llaman “el capitalismo salvaje”. Lo que arrastrará irremisiblemente a Cuba al más brutal “sistema salvaje”, luego de atravesar los peores escenarios posibles, será la resistencia de los actuales gobernantes a los cambios. Es decir: El Inmovilismo Salvaje. Créanlo, es mucho peor.
SDP