jueves, 13 de agosto de 2009

ARREPENTIRSE A TIEMPO, Tania Díaz Castro




Jaimanitas, La Habana, agosto 13 de 2009 (SDP) Los últimos años del siglo XX y los primeros del actual siglo se han caracterizado por el arrepentimiento de importantes figuras religiosas y políticas participantes de hechos donde predominó la crueldad y el homicidio.

El Santo Padre Juan Pablo II, por ejemplo, realizó un acto de contrición por los crímenes cometidos por la Iglesia Católica a través de décadas y centurias. También perdonó públicamente al hombre que le disparó para matarlo y pidió al señor Fidel Castro ¨ un gesto de clemencia ¨ para los 75 activistas del Movimiento Cubano de Derechos Humanos que a partir de 2003 guardan prisión, así como para los tres jóvenes negros que intentaron secuestrar una embarcación para llegar a Estados Unidos, fusilados pocos días después.

Conmovió y sorprendió al mundo también que altos dirigentes políticos japoneses se disculparan en 2004 ante la masacre cometida por militares nipones durante la toma de Nanking y otras regiones de China, hace más de sesenta años.

En 2000, el presidente angolano José Eduardo dos Santos, en un gesto de generosidad y comprensión, expresó: ¨ Angola tiene espacio para todos, el país pertenece a todos los angolanos y no sólo a algunos…¨, refiriéndose a quienes habían pertenecido al ejército de Jonas Savimbi.

Bill Clinton, durante su cargo como presidente de Estados Unidos, visitó Africa. Ante una gran multitud, pidió perdón a nombre de su país por la activa participación de su nación en la trata de esclavos negros siglos antes.

Es conocido cómo las autoridades norteamericanas se sienten muy conformes cuando los filmes de su país reflejan los graves maltratos infligidos a los ciudadanos japoneses durante la II Guerra Mundial.

En numerosos países europeos, hoy libres del comunismo, herederos de las familias que se vieron forzadas a emigrar han podido regresar a su país de origen y recuperar las antiguas propiedades que les fueron arrebatadas.

Ante esta realidad que enaltece al género humano, los cubanos que componemos el Movimiento Pro Derechos Humanos, tanto en Cuba como en el exilio, seguramente nos preguntamos si no es hora ya de que los encumbrados dirigentes castristas pidan perdón por toda la crueldad que han ejercido no sólo contra miles de disidentes pacíficos, sino también con la gran mayoría de la población que insiste en participar de la economía nacional.

En vez del Muro de las Lamentaciones de Jerusalén, Cuba cuenta con el Cuartel de la Policía Política, más conocido como Villa Maristas, por donde han pasado cientos de miles de opositores a lo largo de casi medio siglo y donde se han enfrentado a monstruosas técnicas de tortura psicológica con el propósito de humillarlos, despersonalizarlos y doblegarlos. El jefe máximo de ese cuartel represivo hoy se encuentra enfermo grave en cama. Todavía está a tiempo para arrepentirse y no continuar ni un día más con su rancia práctica dictatorial de poseer cientos de personas condenadas a largos años de cárcel, sólo porque no piensan como él; como si se tratara de cimarrones capturados en su feudo.
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