jueves, 20 de agosto de 2009

MERCADO SUBTERRANEO, José A. Fornaris

Managua, La Habana. 20 de agosto de 2009, (SDP) En Cuba el pluripartidismo no funciona. “Es una pluriporquería”, aseguró, exaltado, hace varios años, Fidel Castro cuando se vio precisado a referirse al tema.

El unipartidismo es la es la mágica solución a los problemas políticos de cualquier nación. Claro, siempre que ese único partido sea el comunista.

Sin embargo, el rechazo casi patológico que sienten los Castro hacia el multipartidismo porque tal cosa “sería como romper la bandera en cien pedazos”, se convierte en completa aceptación cuando se trata de los multi-mercados internos.
Y es por eso que en la isla están presentes, y parecen llevarse muy bien, seis formas domésticas de mercado.

El de la llamada canasta básica, a través de la libreta de racionamiento que el Estado asegura que subsidia con cerca de mil millones de dólares anuales y donde la población obtiene productos con los cuales es posible subsistir entre siete y diez días al mes.

El de las tiendas que mercan sólo en pesos convertibles (CUC). Es el que se encuentra medianamente abastecido con artículos de primera necesidad. En él es posible encontrar algunos productos de manufactura estadounidense.

El “paralelo”. En ese mercado se comercializan artículos de la zona CUC y de los que se ofertan por la “canasta básica” en pesos (moneda nacional), pero a precios casi prohibitivos.

El mercado agropecuario estatal que vende productos de la agricultura, carne de cerdo y en algunos casos de carnero, a precios que para nada se relacionan con el salario promedio.

El mercado agropecuario particular, ya con poca presencia.

Y el mercado negro, que por su magnitud y para evitar connotaciones de tipo racial, es mucho mejor llamarle subterráneo. Es el que se lleva las palmas.

En el mercado negro es posible encontrar cualquier cosa, desde un Carné de Identidad con la dirección personal requerida para ayudar a obtener una visa para viajar al exterior, hasta carne de caguama. Desde una casa (la compra-venta de casas en Cuba está prohibida), hasta un motor nuevo marca Mercedes Benz para instalárselo a un auto fabricado en Detroit en la década del cincuenta del siglo XX.

Es tan vasto y omnipresente que resulta imposible que pase inadvertido para las autoridades gubernamentales a cualquier nivel. La impresión que ofrece es que existe una importante entidad detrás de ese mercado. Es como si a través de él, algún organismo de alcance nacional hubiera sido autorizado a obtener un sobre-presupuesto para poder cumplir o tratar de cumplir con sus “importantes” tareas.

En noviembre de 2005, Fidel Castro realizó un aparentemente dramático discurso en contra de la corrupción reinante en el país. Nada se logró.

Ahora, Raúl Castro creó la Contraloría General de la República con el objetivo, según dijo, de auxiliar a la Asamblea Nacional y al Consejo de Estado en el cumplimiento del mandato constitucional de ejercer la fiscalización de todos los organismos del Estado y el Gobierno.“Esta institución desempeñará un rol esencial en la elevación del orden, la disciplina económica, el control interno y el enfrentamiento resuelto a cualquier manifestación de corrupción”, manifestó.

Pero la creación de la Contraloría no ha merecido siguiera un comentario de la prensa oficialista. Nadie parece creer que ese órgano estatal vaya en verdad a controlar algo.
A su vez, algunas esporádicas opiniones surgidas a nivel de la población coinciden en afirmar que el nuevo aparato no va a resolver absolutamente nada porque está integrado “por las mismas gentes”. Es decir, que son funcionarios gubernamentales que se protegen y apuntalan unos a otros.

Así, de esa manera lo subraya la subsistencia de la nación durante casi cinco decenios. El mercado subterráneo continuará con su fructífera y saludable vida otorgándoles respiros o breves encuentros con fugaces oasis en medio de un hostil desierto a los ciudadanos cubanos.
fornarisjo@yahoo.com