jueves, 20 de agosto de 2009

LA REVOLUCIÓN DEL ADN, Juan González Febles

Lawton, La Habana, 20 de agosto de 2009, (SDP) En su momento, todo el mundo o casi todo el mundo hizo su interpretación sobre la afirmación categórica hecha por Fidel Castro y por otros líderes de su proceso acerca del legado revolucionario a las generaciones por venir.

Desde la niñez, escuché decir, ‘la revolución es para nuestros hijos y para los hijos de nuestros hijos’. Pensé en aquel momento que se trataba de otra bella y abarcadora metáfora. Nunca pensé que la cita fuera lo dramáticamente literal que es.

El nepotismo, desde el inicio, se convirtió en la mayor de las razones de estado para uso doméstico en Cuba. Se estableció una pirámide que se ramifica en la base y que parte desde la cúspide del poder político cubano. Los hijos de los afines de ese poder ocupan los lugares de privilegio en las esferas económicas, artísticas, científicas etc.

Si se sigue a través del ADN compartido las posiciones de privilegio en todas las actividades, la coincidencia familiar con las esferas superiores y medias de gobierno es dominante y avasalladora.

El complejo Alcona, en manos del Comandante de la Revolución Guillermo García y familia, el equipo nacional de beisbol, en las de Antonio Castro, uno de los hijos de Fidel Castro y el Centro de Estudios sobre Sexualidad, bajo la Sra. Mariela Castro, son pálidos ejemplos.

A esto súmese, la diplomacia, los negocios corporativos y de ‘joint venture’ y las altas jerarquías castrenses en el Ministerio de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior entre otras áreas. Todos pueden seguirse a través de investigaciones bancarias y financieras, pero además, por el tejido biológico de un ADN compartido.

Una clase política egoísta y cerrada se abroqueló protegida por las mallas infranqueables del nepotismo institucionalizado. En Cuba ya son corrientes los enlaces entre los miembros de la corte verdeolivo de los Castro. Estos enlaces marcan la pauta que ha contribuido a sellar parcelas de consanguinidad similares a los que existen entre la aristocracia de sangre azul europea.

La clase política castrista envía a sus hijos a estudiar a las mejores universidades europeas e incluso latinoamericanas. No contentos con haber impuesto el lema fascista que reza, ‘la universidad es para los revolucionarios’, los bonzos de la dictadura totalitaria cubana se aseguran que sus delfines completen su educación en las mejores universidades europeas. Suelen ir por diplomas de posgrado o por cursos integrales.
Como siempre, paga el erario público.

Esta toma de un país en toda su riqueza por parte de un grupo armado, se completó con el paso inexorable del tiempo. Las zonas residenciales segregadas para el resto de la población, unieron facilidades de privilegio consagradas a este grupo, como son los mercados del tipo Palco ubicado en la Zona Cero.

Estos mercados entre los que además pueden contarse 3ra y 70, La Puntilla y Galerías Paseo, están mucho mejor surtidos que los ubicados en las zonas donde reside el grueso de la población.

Los rentables y ventajosos negocios en el extranjero en que participan los miembros de la familia Castro y sus paniaguados, han sido expuestos y descritos en detalle por la prensa internacional.

Analistas financieros y revistas especializadas como Forbes, han publicado modestos estimados sobre la fortuna de los Castro y sus miñones más allegados. Pero como ya ha sido señalado, más allá de actas forenses o estimados contables, puede seguírseles por el entramado ineludible de un ADN compartido, evidencia clara de nepotismo elevado a categoría de alta política de estado.
jgonzafebster@gmail.com