Por aquellos años, esa organización aglutinó a la mayoría de las mujeres del país que distribuidas en delegaciones de base, municipales, regionales y nacionales, realizaban frecuentemente plenarias, plenos y encuentros donde participaba gran número de sus afiliadas.
En camiones, a los que se debía subir mediante una pequeña escalera o con varios cajones unos apoyados sobre otros, viajaban muchas madres acompañadas de sus pequeños hijos hacia estas actividades, donde siempre terminaban cantando el mismo himno: La Internacional.
El trabajo voluntario en el campo era otra de las frecuentes actividades que desarrollaba la organización, además de promover, organizar e impartir cursos de corte y costura, bordado y tejido, entre otros.
El sello o distintivo, una esfera (que representaba el globo terráqueo) en la que se veía impreso entre paralelos y meridianos la figura de una miliciana con su fusil al hombro y un pequeño niño cargado en brazos, era una de las máximas recompensas a quienes participaran de todas las actividades de la organización.
Al principio, las federadas a nivel de base, contaban con un local donde se realizaban muchos de estos programas. Con el transcurso del tiempo, perdieron esos locales y pasaron a reunirse en la casa de la secretaria general de la delegación. Los demás niveles, han mantenido sus sedes, hoy como direcciones municipales, provinciales y nacionales de la FMC.
Aunque en múltiples ocasiones el gobierno ha tratado de presentar a la FMC como una organización no gubernamental, en la práctica responden totalmente al sistema comunista. En muchas ocasiones, una carta de la FMC puede abrir las puertas de algún empleo o conseguir la licencia para trabajos por cuenta propia. El Estado en Cuba es dueño de toda la gama empresarial.
Debido a esa posibilidad de poder, muchas jóvenes han ingresado en sus filas por la necesidad de continuar estudios o comenzar en su vida laboral. Del entusiasmo de los primeros años sólo queda el recuerdo de las que aún viven.
Gilda Morales, residente de Managua, en Ciudad Habana, fue fundadora y presidenta de la organización en su barriada. De aquellos primeros años nos dice: “Fue una etapa muy bonita y de muchas esperanzas, pero todo se acaba. Ya hoy apenas se escucha hablar de la organización. Nosotras trabajamos mucho, pero era otra época” expresó.
Hoy la mujer cubana tiene muchos obstáculos a enfrentar, las difíciles condiciones para crear una familia, por la carencia de vivienda, han obligado a cambiar los planes de muchas jóvenes.
Liudmila tiene 23 años y sueña con un mundo distinto donde no tenga que acostarse con un extranjero para poder adquirir un par de zapatos y ropa a la moda, como a ella le gusta. “Yo quisiera poder tener un trabajo en el que yo pueda costearme mi vida, comprarme lo que yo quiera y no tener que depender de nadie, pero eso ¿dónde está?”, comenta triste y en voz baja. A la pregunta si pertenece a la FMC, responde: “Sí, yo estoy ahí, pero lo único que hacen es cobrarte la cotización a fin de mes.”
A 49 años de creada la organización, este no es un aniversario feliz. Su participación dentro de la sociedad se limita a los comentarios de los medios. La verdadera epopeya que realiza la mujer en la sociedad, esa va por cuenta propia.
amarilisrey@yahoo.com

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