jueves, 27 de agosto de 2009

CONTRASTES Y ANIVERSARIOS, EDITORIAL 83

Cuba es un país donde los contrastes cada vez son más agudos. Contrastan el país casi ideal que muestra el Noticiero de la TV y el país real, el discurso oficial y lo que se escucha en la calle, los privilegios de la elite y las vicisitudes de los ciudadanos de a pie, los chivatos y los chivateados, Miramar y las zonas congeladas controladas por el MININT y los llega y pon de la periferia, la cultura hegemónica y la contracultura marginal.

Es chocante la propaganda sobre los logros sociales de la revolución frente a las escuelas ruinosas, los desastres del sistema educativo y los hospitales donde escasean las medicinas y los médicos.

También entre las mujeres cubanas hay grandes diferencias. En Cuba existen dos clases de mujeres bien distintas: la mujer del pueblo y la mujer del dirigente. Unas mal vestidas y peor alimentadas. Las otras, elegantes, bien cuidadas, altaneras y desdeñosas.

La Federación de Mujeres Cubanas (FMC), presentada por el régimen como una ONG (es tan no gubernamental como los Comités de Defensa de la Revolución), acaba de arribar a su aniversario número 49. En su momento, la organización se enorgulleció de haber logrado “la emancipación plena de la mujer cubana”. Era otro logro de la revolución.

La dura realidad ha hecho retroceder las conquistas femeninas. A la mujer corresponde la parte más difícil de la vida cotidiana en Cuba. Trabajar con la preocupación de qué cocinará cuando llegue a la casa es suficiente problema como para enfermar de los nervios a la más equilibrada. Sume a ello los problemas de la vivienda, el transporte, el desabastecimiento, etc. La mayoría de las jóvenes lo piensan varias veces antes de decidirse a crear una familia. Otras sueñan con irse del país.

Particularmente difícil es la situación de las que tienen a sus hijos, esposos o padres en las dantescas cárceles cubanas. Además de estar condenados por los caprichos y la paranoia de una dictadura geriátrica, sus familias son adicionalmente castigadas. Pueden preguntar a las madres y las esposas de Ariel Sigler Amaya y Antonio Díaz Sánchez, por sólo citar dos ejemplos.

Hoy, a pesar de las leyes avanzadas sobre los derechos de las mujeres, el machismo, la violencia doméstica, el acoso sexual y la prostitución están más presentes que nunca en la sociedad cubana. Sólo hay que ver como los más jóvenes tratan como perras a “sus jebitas”, tan mal habladas como ellos. Basta escuchar las letras de reguetón, los piropos soeces, los escándalos en las casas o en plena calle. Alguna vez quisieron implantar la caballerosidad proletaria. Ahora está en falta absoluta cualquier tipo de caballerosidad (si es que por fin existen varias).

Del entusiasmo femenino de los primeros años en los trabajos voluntarios,, sólo quedan los recuerdos de algunas ancianas. La importancia de la FMC se limita a la que le conceden los medios oficiales. Por lo demás, es otra de tantas organizaciones al servicio del régimen. Sus integrantes recuerdan que la FMC aún existe, como los CDR, cuando tocan a la puerta para cobrar la cotización mensual. Sólo eso.

Es un aniversario poco feliz, las mujeres cubanas tienen poco que celebrar. Realmente, los cubanos en general hace mucho tiempo que no tienen motivos para celebraciones. Mucho menos efemérides oficiales.
SDP