jueves, 20 de agosto de 2009

SIN DERECHOS, Editorial 82

El gobierno cubano no anuncia oficialmente en los medios los nombres de los embajadores que designa hasta que llegan a su destino. Eso le da la ventajosa posibilidad de sustituirlos por cualquier motivo en el último momento, aún en la escalerilla del avión.

Luego de las más recientes purgas y sustituciones, ningún funcionario, por muy fiel e incondicionalmente que haya servido al régimen, no importa por cuanto tiempo, está seguro. El Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista, ahora con franquicias operativas, vigila atentamente las eventuales debilidades o muestras de corrupción de los dirigentes.

Pero menos seguridad que los funcionarios tiene el ciudadano de a pie, obligado a bordear la frontera del delito para subsistir. Ni qué decir si es un abierto opositor. Su indefensión es total. Contra ellos se aplicarán los mecanismos legales a conveniencia. No importa si para eso, las autoridades tienen que violar con entusiasmo las leyes que ellos mismos crearon.

Así, lo mismo condenan por peligrosidad social a dos años de cárcel a un borracho que se atrevió a decir en un video que “aquí lo que falta es jama” que encarcelan a un opositor o un periodista independiente por escándalo público, por comprar materiales de construcción en el mercado negro para reparar su ruinosa casa o por cualquier otra causa que no constituya un delito político. Después de todo, en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprecian altamente esos gestos de delicadeza represiva de las dictaduras de izquierda.

Según datos del Departamento de Higiene y Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, millares de perros y gatos callejeros, la mayoría enfermos deambulan por el país. La mayoría de ellos fueron echados a la calle por sus dueños, que no tienen con qué alimentarlos o curarlos si se enferman. En días recientes, la prensa oficial se hizo eco de cartas de ciudadanos que se quejan del exterminio masivo por envenenamiento de perros callejeros en Sagua La Grande, Las Villas, y del estado deplorable del Zoológico de la calle 26, en La Habana.

A juzgar por las denuncias sobre las condiciones en las súper pobladas cárceles cubanas, ¿qué quedará para los animales enjaulados del Zoológico de 26?

¿Qué se va respetar la Declaración de Derechos Universales de los Animales si en Cuba apenas se conoce y se persigue a los que reparten la Declaración Universal de los Derechos Humanos?
SDP