jueves, 13 de agosto de 2009

LOS 90 AÑOS DE BENNY, Luis Cino





Arroyo Naranjo, La Habana, agosto 13 de 2009 (SDP) En el verano del año 2006, Jorge Luís Sánchez debutó en grande como director con la película El Benny. En menos de un mes, más de 400 000 cubanos vieron la película. Las colas y tumultos frente a los cines no se veían en Cuba desde los tiempos ya lejanos en que las pepillas y sus mamás suspiraban y lloraban por Julio Iglesias luego de hacer cinco veces la cola para ver “La vida sigue igual”. Pero en 1969 no había DVD y recién empezaban los comisarios a levantar la prohibición sobre las películas de Hollywood.

El actor Renny Arozarena apenas se parece físicamente a Benny Moré pero su actuación es súper convincente. Dicen algunos que creen en esas cosas que durante la filmación, “lo montó el espíritu de Benny”. El propio actor lo ha insinuado. Arozarena dobló en las canciones a un santiaguero bohemio que sustituyó (y de qué manera) la voz del Bárbaro del Ritmo acompañado no por la Banda Gigante, sino por una orquesta con timbres actualizados. Pero no pierda el tiempo en explicar a los que vieron la película que su soundtrack no es el original del Benny porque es muy difícil que le crean.

A ver, babies, anjá…No es que el Benny haya vuelto con la película, él nunca se fue, ni siquiera cuando decían que el son se iba de Cuba porque la revolución de Fidel Castro procuraba sustituir la sabrosura y el despelote de las noches habaneras por el estudio de los manuales de marxismo-leninismo y las prácticas de milicianos con las 4 bocas y las metralletas rusas. Benny se quedó, como una especie de ángel tutelar de la música cubana, porque nos hacía falta para ponernos a bailar y cantar con nosotros cuando tuviéramos penas de amor.

El Benny acaba de cumplir 90 años y sigue como siempre. Sin barniz ni moraleja. Jodedor, fanfarrón e informal. Dulce y amargo, como la vida misma. Si quiere comprobar la vitalidad de su música, empínese un par de tragos de ron y prepárese para sus boleros.

Benny Moré murió de cirrosis en 1963. Sospecho que de todos modos hubiera muerto de rabia si alguna comisión no lo evaluaba de A por no saber leer partituras o escribir música. O cuando lo sancionaran por incumplir, producto de un pito de marihuana o una de sus soberbias borracheras, con algún acto político-recreativo orientado por el Partido Único. Decididamente, Benny, que era mucho Benny, no cabía en el aburrido mundo de los comisarios que tomaron por asalto la cultura cubana.

Por suerte, el Benny nos dio la opción de elegir nosotros que cantaría él. Personalmente, sin pensarlo dos veces, escojo los boleros que cantaba como nadie. Son un buen argumento para saberse vivo después de algún desastre sentimental. Después de todo, el amor y sus penas no han cambiado tanto en estos años.

Aunque no tengo suficiente edad para haberlo disfrutado mientras cantaba en el Alí Bar, dispongo de varios Benny para escoger cual recordar.

El primero es una vieja filmación con fallas técnicas que a veces pasan por la TV. Con sombrero alón, saco largo y pantalón batahola, dirigía con su bastón la Banda Gigante, un jazz band que sonaba fenomenal mientras tocaba sus instrumentos tras atriles con anuncios de Jupiña. El Benny, guajiro, chuchero y genio, bailaba y abría amplio los brazos, como para crear el mundo y decretar la gozadera eterna.

También puedo escoger el que puso los sonidos a mi infancia a través del radio del Chevrolet blanco y verde de 1956 de mi padre o de la victrola del bar de la esquina donde una Santa Bárbara, que a mis ojos de niño parecía inmensa, rodeada de ofrendas de balas de ametralladora, plátanos indios y manzanas californianas, escuchaba, como quien no quiere las cosas, y hasta que empezaba alguna bronca, las confesiones con fondo de boleros y olor a cerveza de los clientes desengañados (o engañados), que siempre eran la abrumadora mayoría.

Pero el Benny que más me gusta recordar, aunque me duela dulcemente, es el que salía del veterano tocadiscos RCA de casa de mis abuelos mientras se cocinaban el arroz con pollo o los spaguettis y yo correteaba con el perro. Podía ser un Día de las Madres, un cumpleaños o un domingo cualquiera. Mi familia, que aún no se había dividido en “comuñángaras y gusanos”, era feliz.

De cualquiera de esas formas me gusta evocar al Benny. Siempre canta boleros y cuando lo oigo (no puedo evitarlo) me da por ponerme sentimental.
luicino2004@yahoo.com